La toma de posesión de Vladimir Putin este mediodía se me antoja la mayor puesta en escena de un acontecimiento político poscomunista.
Y no es que no conociéramos otros espectáculos notables, cuando ya contamos más de dos décadas desde el derrumbe del socialismo en el Este de Europa. Pero ni la venerable figura de Vaclav Havel entrando al palacio de Praga, la visión de la ex militante de las juventudes socialistas de la República Democrática Alemana (RDA) Angela Merkel diseñando el futuro de Europa desde Berlín o Bruselas o el retorno a Bulgaria y Rumanía de sus reyes derrocados -significativamente a Bulgaria donde Simeón II regresó a la política con episódico éxito- se comparan con lo visto esta mañana en el Kremlin.
La realización de la televisión estatal rusa es de veras espectacular, carillón incluido. La entrada de ese hombre adusto y solitario que acude a recuperar la presidencia que cedió antes con estudiado cálculo, su paso por escaleras y salones -muchos peldaños, muchos salones-, atestados de gente que lo vitorea, reúnen el pasado precomunista y el presente poscomunista de manera estremecedora. Por comunista, sin dulces prefijos, precisamente.
“Permanencia” es el primer nombre que se me ocurre. Un buen título de novela rusa. Un mal nombre para relato democrático.
Les recomiendo los segmentos 12:40 – 16:15 y 31:00 – 35:00. Basta deslizar el cursor hasta esos tiempos, ahorrándose el resto.
El contrapunto, claro, fueron los manifestantes que salieron a las calles a gritar su protesta por la sucesión pactada entre Putin y Medvedev, y la reacción de los antimotines.
Esta noche le robaron al “paqui” de abajo de casa -en realidad, es un joven que vino a Barcelona desde Bangladesh. Lo supe cuando acababa de suceder y yo entraba a comprar unas cervezas en el descanso del partido entre el Real Madrid y el Bayern. Me crucé con los ladrones, iban riendo, sin saber que lo eran.
Entraron cuatro personas a la tienda simulando ser clientes distintos, lo distrajeron, uno preguntaba que si esto cuánto vale, el otro que si tenía de aquello, etc., y se llevaron los 224 euros que tenía en la caja.
Vi llegar a ese muchacho al barrio, montar su negocio; lo escucho a diario quejarse de lo mal que le va todo, lo difícil que lo tiene a sus veintiocho años para encontrar mujer en su pueblo y traerla. Porque el dinero, en estos dos años, no le ha dado para volver a su país. Abre cada mañana a las diez y cierra a las once de la noche. De lunes a domingo. ¡De lunes a domingo, nenes! No lo veo sonreír hace meses. ¡Y mira que sonreía hace un año o dos!
“It doesn’t make sense, Jorgy”, me dijo, lloroso y con la caja vacía, robada.
Me pregunté qué habría podido hacer yo si me hubiera encontrado en su tienda cinco minutos antes, mientras le robaban.
Y sí, oigan, creo que es hora de hacerme con una pistola. A la plomiza Barcelona le está haciendo falta que también nosotros le demos plomo.
Esta ciudad sobrevalorada, esta ciudad patética, esta ciudad de plástico que tanto gusta a los forasteros, está pidiendo a gritos que la llenemos de agujeros.
Bustamante me avisa ahora de que la prohibición acaba de ser revocada y viajará en las próximas horas.
Más allá de lo que yo crea sobre tales gestiones y la valoración que haga de sus resultados, me felicito de que esta mujer cubana pueda viajar a reencontrarse con su madre enferma. Y agradezo a los lectores de ETDLV por la extraordinaria difusión que dieron a ese post en las redes sociales.
Lissette Bustamante envía esta nota para los lectores de ETDLV, mientras hace la maleta y corre a la farmacia a comprar las medicinas que pecisa su madre:
En los momentos dolorosos de la vida es cuando más necesitamos apoyo y comprensión. Después de nueve días de múltiples gestiones con las autoridades cubanas llegó la llamada que decía: “Ya está resuelto”. En este éxito están implicadas muchas personas; desde personalidades de la Cultura cubana, el equipo médico que atiende a mi madre en el hospital, funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, ejecutivos de las líneas aéreas de vuelos charters a Cuba hasta el apuro y la angustia de mi hija que ha tenido el apoyo de su hermano por parte de padre y su familia. Todas estas gestiones permitieron que en breve pueda viajar a La Habana para estar junto a mi madre y atenderla en estos momentos tan difíciles.
Mi madre está estable, aunque la presión arterial sube y baja, siendo difícil controlarla. Continúa en terapia y los médicos que la atienden, así como las enfermeras ofrecen su mejor atención. La etapa que estamos viviendo es muy dura, sé que otros muchos la han pasado y que otros tantos miles no han podido llegar a dar el último abrazo…
En esta oportunidad tengo la bendición de poder hacerlo y entre mis agradecimientos están todas aquellas personas que, de una forma u otra y, a pesar de la distancia, han estado a mi lado con sus opiniones y plegarias. Estos nueve días hubiesen sido mucho más difícil si no hubiera tenido el apoyo incondicional que ustedes me brindaron. Es por ello que de corazón hoy quiero darles las gracias de todo corazón. No hay nada en el mundo que pueda pagar o retribuir lo que han hecho. Pido al Señor, para el que nada es imposible, les devuelva en dones y bendiciones, lo que han hecho por mí. Los milagros existen.