Jorge Ferrer - 06/09/12
Categoría: Castro & Family
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The Atlantic vuelve hoy sobre Michael Dweck y su proyecto cubano. Aquello de la farándula habanera que el fotógrafo norteamericano vendió como una élite en la sombra. Y lo hizo con tanto éxito que hasta exposición en La Habana se agenció. Aquí me entretuve con eso entonces y daba ya el asunto por finiquitado.
Pero, decía, The Atlantic retoma hoy la historia y trae una curiosa especulación sobre el dormitorio donde agoniza Castro I en Punto Cero. Esta:
«Fidel is said to display, hanging over his bed, a portrait of a nude woman from one of Dweck’s previous projects».
¡Alto ahí!
Dejando de lado que «Fidel» y «hanging» forman linda parejita de vocablos y que la idea tiene mucho de inverosímil, ¿cómo es que Dalia habría permitido que otra rubia se encarame sobre el protocadáver a estas alturas/honduras?
Una de las de Dweck, que no son rubias desmejoradas, oigan. Son esta o esta.
Sobre la cabecera de la cama de ese dormitorio que cabe imaginar un monumento a la estética de los Fifties, el renqueante y balbuceante dictador se tumbaría cada noche bajo una musculosa muchacha del norte que le velaría el sueño. («Fidel» y «tumbar» es otra feliz, aunque también desafortunadamente falaz, conjunción.)
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Sueñan los dictadores seniles con rubias esculturales?
Ná, oigan, que en este circo nos crecen los enanos. No solo morirá en su cama el satisfecho octogenario. Encima, pa’ jodernos, lo hará con dos rubias metidas en el cuarto.
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Jorge Ferrer - 13/08/12
Categoría: Cambios en Cuba, Castro & Family, Memoria, Transición
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Fidel Castro cumple hoy 86 años. Lo de «longevo dictador», para decirlo en cursi, ya es un buen trozo de jabón con que enjabonarnos los glúteos.
Si contamos desde 1953, cuando lideró el asalto a un cuartel en Santiago de Cuba, Fidel Castro lleva 59 años protagonizando la política cubana. ¡Cincuenta y nueve años!, nenas, nenes. Que de esos sumen ya seis desde su obligado paso a retiro no significa que se los deba descontar. Más bien al contrario. Estos últimos años valen el doble, porque son los que le han regalado la formidable visión de la continuación del régimen. Ah, ¡qué regalo mayúsculo! Los cubanos viven bajo un modelo que no funciona ni para ellos mismos, como le confió a Jeffrey Goldberg, ya no tienen a un líder carismático que los seduzca y, sin embargo, continúan sirviendo a los mismos amos con su habitual apatía.
No sé a ustedes, pero a mí esa longevidad me produce una profunda vergüenza. Cada vez que veo a un cubano enarbolando su gentilicio antillano lo miro estupefacto. «¿De qué se ufana?», me pregunto. «¿De añadir inapelable lqqd al pie de La Boétie?»
Bien, Fidel Castro cumple hoy 86 años y su vida se va apagando plácidamente en el muelle nido de Punto Cero. Allí, con su mesa erguida sobre rueditas, la pantalla de un televisor que siempre sintoniza Telesur, los resúmenes de prensa que le compilan sus aides de chambre, las tazas de caldo que le acerca la criada en las noches y las galleticas macrobióticas que toma en los desayunos, cada uno de sus gestos monitoreado por la adusta Dalia, este hombre domina el pasado de Cuba, como se promete dominar también su futuro.
Nada le estorbó antes, como nada parece atentar contra la certeza de que morirá en una Cuba «socialista». De hecho, la única posibilidad de que algo lo dañe, lo hiera, pasa por el arañazo que alguna inocente ramita de los arbustos de moringa entre los que se pasea como el anciano Vito Corleone por entre las tomateras pudiera trazarle en la carne.
Esa parece ser su suerte. La nuestra es mucho peor. Porque a la historia, a la infalible memoria de la historia, no le será indiferente la manera en que muera Fidel Castro ni la evolución de su legado después de su retiro en 2006 y durante estos ya largos años de sobrevida.
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Jorge Ferrer - 27/07/12
Categoría: Agua corriente, Arte, Castro & Family, Cine
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Raúl Castro aka Castro II dijo esta mañana en el oriente de Cuba: «El día que (los Estados Unidos) quieran la mesa está servida».
La reiterada y bravucona invitación me trajo a la mente dos variaciones sobre el mismo tema de la mesa servida y para lo que sirve lo que en ella es servido. Una con más aroma del comunismo esteeuropeo que la otra.
1) Daniel Spoerri: «El desayuno de Kichka» (adviértase que la silla cuelga de la pared, ingrávida, y ya está ocupada por lo que deberían compartir los comensales sentados a la mesa)

2) Jan Svankmajer: «El desayuno» (con «barbudo» y todo)
https://www.youtube.com/watch?v=AMTBW7MMTW4
Ps. Para más Daniel Spoerri y Jan Svankmajer en ETDLV, úsese la casilla de búsqueda a la derecha del blog. Practicando esa búsqueda ahora mismo, advierto que les debo el relato de una espléndida performance de Spoerri a la que asistí hace una década. Queda pendiente…
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