Túnez, Cuba: el “Game Over” y el “vaya usted a saber”

- 15/01/11
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Una tasa de desempleo en torno al 20%, tal vez encaramada hasta el 35% entre los jóvenes. Elevadas tasas de inflación que afectaban a productos primarios. Una juventud formada e informada que no encontraba salida profesional en el país y estaba harta de la falta de libertades. La sensación de que la casta familiar que gobernaba el país durante un cuarto de siglo concentraba el poder económico, además del político. Especialmente, los sectores más redituables; significativamente, el turismo. La corrupción de la clase dirigente…

En esencia, esa era la situación de Túnez, relativamente próspero país del Magreb presidido por un Ben Alí que ganaba las periódicas elecciones con escrutinios que lo favorecían en torno al 85 y al 90%.

En menos de un mes, y espoleados por la inmolación de un vendedor callejero, Mohamed Bouazizi, que se hartó de tanta injusticia, tanta burocracia y tanta corrupción, los jóvenes de Túnez salieron a la calle y se enfrentaron a fuerzas represivas que masacraron a unas cuantas decenas de manifestantes. Ya ahí no hubo quién los sujetara. Hoy ganaron.

Ben Alí tomó un avión esta tarde y abandonó precipitadamente el país. (Cuando escribo esta nota gozo con la información de que Francia e Italia se niegan a acogerlo, por cínica que sea la postura de ambos.)

Game Over, como dice el cartel que mostraron en algunas manifestaciones recurriendo a jerga propia de videojuegos, la jerga de su generación.

El Magreb, tan denostado tantas veces, acaba de ofrecer al mundo una muestra ejemplar de lo que puede el anhelo de hombres y mujeres que quieren ser más libres, vivir en una sociedad más abierta, disponer de sus destinos, rechazar a gobernantes eternizados en el poder, repudiar la repugnante dupla que conforman la tiranía y la corrupción.

(En país que yo me sé, atiéndase a las semejanzas, parece que no, que no pueden. Pero solo lo parece.)

De contra:

También se puede abordar esa última cuestión apoyándose en la info que sirven por estos días aquí.

Es una u otra. O una tercera. ¡Vaya usted a saber!

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2010: annus horribilis

- 30/12/10
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A partir de la encuesta sobre el «hombre del año» que inserté aquí hace unos días anduve rumiando la posibilidad de hacer algunas listas de esas propias de fin de año. Noticias y fotografías relevantes, mejores libros leídos, etc.

Pero vuelta la vista desde esta cumbre de diciembre sobre la ladera que ha sido el 2010 lo que oteo es más bien despeñadero. Escasos motivos para la rememoración entusiasta y muchas buenas razones para mirar con disgusto año tan desgraciado.

En ninguno de los años que cuento recuerdo haber visto como en este a tanta gente acariciando el desamparo y la desesperanza. Amigos y conocidos que pierden el trabajo o ven recortado el sueldo, amigos y conocidos que pierden empresas o ven frustrados los proyectos de crearlas, amigos y conocidos que pierden casas que tenían en propiedad o se ven obligados a buscar otras cuya renta puedan pagar. Profesionales extremadamente capaces a los que las políticas y también los bancos han ido arrinconando en este 2010, empujándolos hacia un 2011 en el que apenas confían.

Ese es el paisaje, aunque lo pueblen también muchos otros amigos cuyos trabajos y empresas se sostienen y aun prosperan. ¡Enhorabuena a esos!

En España, donde vivo, y en el Sur de la Florida, donde pasé tres semanas recientemente, el sentimiento de rabia, desesperación y hartazgo no deja lugar a dudas de que hemos atravesado un año durísimo. Un año para olvidar, diría alguien. Creo que más bien uno que recordar.

El entusiasmo de hace una década con el siglo XXI que sumaba la historia moderna se ha transformado en panoplia de miedos, abanico de amenazas y ramillete de descréditos.

Así que la lista que me gustaría anotar aquí es la de todos los jodidos durante este 2010 que se acaba mañana. Y la de todo lo que habrá que enmendar para que el 2011 sea año venturoso.

Bah, pero si me diera por hacerlas no terminaría antes de que concluya, en unas horas, este annus horribilis.

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¡A las urnas valientes corred!

- 28/11/10
Categoría: Democracia | Etiquetas:
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Hoy hay elecciones en Cataluña, esta región de España con capital en Barcelona. Aún no he ido a votar. Como de costumbre, subo este post poco después de la medianoche, de manera que tendré que esperar unas horas para depositar mi voto.

He discutido largo y con mucha gente a lo largo de estos últimos días sobre lo que nos jugamos en estas elecciones. Aquí me he referido en par de ocasiones a ello y en ambas (una y dos) queda manifiesto mi disgusto por la deriva política local.

Algunos, tras esas charlas, me han pedido que argumente aquí mi voto. No lo voy a hacer. No me place. ¿Por qué? Porque a mí no me da igual a quién voto; a mis lectores, sí. Al menos eso es lo que me gustaría.

Con todo, recupero la nota publicada aquí en ocasión de la última convocatoria a las urnas a las que acudió la familia Ferrer. El pathos que la animó entonces, en 2008, es el mismo del que participaré mañana, aunque cambien unas pocas circunstancias.

Una de ellas me parece crucial para validar el argumento que exponía entonces. A saber, que mañana votaremos los tres Ferrer, E., M. y un servidor, a tres partidos distintos.

¡Bendito seas, caos democrático!

Elecciones

Ya fui a votar. La presidenta de mi mesa en un Colegio electoral de Barcelona ha sido hoy M., con quien comparto la vida desde hace 20 años.

¿Quién nos lo iba a decir, cuando en La Habana queríamos y buscábamos una Cuba democrática, que acabaríamos encontrándonos frente a frente –votante y representante de un régimen de libertades elegida al azar-, separados por una urna en la que se deposita el voto con libertad? Y en país extranjero, que ya nos es propio.

Tendré que corroborarlo con ella cuando vuelva a últimas horas de la noche, finalizado el escrutinio por el que le toca velar, pero creí percibir que intercambiábamos, por encima de la naturalidad del acto, una mirada de complicidad que me atrevo a llamar «democrática». Una mirada fugaz por la que pasaron Cuba y los cubanos. Por la que pasamos nosotros mismos en tantos lances sucesivos.

E., nuestra hija, me acompañó a votar como lo hace desde que voté por primera vez en unas elecciones españolas, creo recordar que en las municipales de 2003.

Apenas unos meses han impedido que pueda ejercer el voto en esta convocatoria. Niña venida al exilio con cinco años de edad y en circunstancias harto dolorosas que tal vez alguna vez cuente ella misma –hay avance, por cierto, en el libro Y Dios entró en La Habana, de Manuel Vázquez Montalbán-, discute mi voto camino al colegio electoral.

El suyo, sostiene, habría sido un voto en blanco, porque no se siente representada por ninguno de los partidos. Pero no se abstendría, dice, porque no le esindiferente la política. Habría depositado en la urna un sobre vacío.

La política de estos muchachos que nos trajimos al exilio pasa por espacios que les son propios y rebasan nuestras obsesiones. Me felicito por ello con alegría que me dan muy pocas cosas.

Hoy la democracia, para la familia Ferrer, una familia cualquiera e indistinta de la diáspora cubana, está siendo también una fiesta privada. Y estoy templando soberbio Ribera del Duero para celebrarlo con M. en cuanto vuelva.

Porque gane quien gane hoy las elecciones en España, nosotros, en lo privado, ganamos hace rato.

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