Ese hijo de puta de Muammar al-Gaddafi padeciendo al fin el revoloteo de mariposas en el estómago. El miedo que le tuvieron, y tantos le tienen, metido de pronto en su propia jaima y evacuado en la letrina adjunta. Megalómano repugnante, sátrapa con ínfulas de Mesías, autor de aquel ridículo Libro verde —da gusto, y es un decir, repasarlo esta noche—, caricatura de sí mismo y de todo un mundo «no alineado», tercerviísta…
Inenarrable el placer de saberlo contestado por los hijos de la Jamahiriya, como inenarrable el asco que producía verlo jaleado por Occidente, dándole tratamiento de hijo pródigo a quien solo se ha prodigado con la muerte y la prédica terrorista, antidemocrádica e islámica. También en la compra de adhesiones, habilidad que Gaddafi cultivó con mimo y éxito sostenidos.
Acabe como acabe la rebelión en Libia, acabará con sangre, ¡ya corre!, y ojalá que no ahogada en ella. Voto por ver ceacesquizado a ese monigote.
Como llamo a recordar que no todos se rindieron al fármaco del appeasement con Gaddafi, no. Ay, ¡es siempre tan reconfortante recordar a los clásicos!
De contra:
Es noticia en desarrollo. Sígase Al-Jazeera (English) para updates… Y en Twitter, claro, que es la hoja sobre la que primero se inscribe lo que pasa…
Que centenares de miles de personas unieran esfuerzos para pedir la democratización del país y perseveraran durante 18 días para conseguirlo.
Lo ejemplar (también extraordinario):
Que la maquinaria represora del régimen de Hosni Mubarak no fuera capaz de hacer abortar la revuelta cuando esta apenas se iniciaba.
Lo triste:
Costó algo más de 300 muertos. ¡La libertad no sale gratis!
Lo inquietante:
La memoria. El derrocamiento del Shah de Irán se produjo en un similar ambiente democratizador. Sin embargo, a un primer gobierno con participación de diversos elementos de la sociedad iraní siguió apenas año y medio más tarde una radicalización de la «revolución». Hoy Irán constituye el principal motivo de desvelo para Occidente e Israel.
Lo (todavía) infundado:
Que llamemos «el 1989 del mundo árabe» a la cadena de revoluciones a las que asistimos, siquiera por ser cadena de apenas dos eslabones.
Lo alentador:
Que el componente religioso apenas haya asomado en una revuelta de veras plural y horizontal.
Lo incierto:
¿Qué será de Egipto? ¿La pluralidad de actores de la «revolución» egipcia conseguirá articular un perdurable gobierno de unidad? ¿Será capaz de generar empleo y hacer crecer la economía egipcia el gobierno que salga de las urnas en septiembre? De no conseguirlo, ¿monopolizarán los Hermanos Musulmanes la vida política egipcia y nos encontraremos en el escenario dibujado aquí?
Lo tranquilizador (también ejemplar):
El rol jugado por un ejército que se mueve entre sus importantes intereses en sectores fundamentales de la economía, su compromiso con los intereses ocidentales e israelíes y una fuerte adhesión a la idea de una nación fuerte y decisiva en el área.
Lo inspirador (para cubiches):
El parecido de este paseo marítimo egipcio —¿Alejandría, tal vez?— con el malecón de La Habana. (Via Michel Suárez @ Facebook)
UPDATE:
A propósito de la fotografía: Alejandría, sí.
Más fotografías de la manifestación en esa ciudad y ese «malecón», aquí.
Llámenme agorero, antidemócrata y aguafiestas. Llámenme (cualquier cosa menos) Ismael…
Pero no se priven, como no lo hago yo, de avizorar en qué podría quedar pronto, lustro más o lustro menos, la ola democratizadora que sacude al Magreb.
¡Qué felices somos ahora, con qué alborozo recibimos la noticia del derrocamiento del dictador tunecino! ¡Cómo nos estremecemos como niño ante juguete nuevo con el efecto dominó que podría generar en Egipto, Yemen y, tal vez, más allá! ¡Conozco a uno que hasta ha contratado Al Jazeera para verlo en directo!
«¡Viva la democracia! ¡Abajo la tiranía!», chillamos o susurramos, según el libertario mimbre del galillo de cada cual, mientras asistimos a la revuelta contra las elites corruptas y dictatoriales que han gobernado, gobiernan, aquí o allá.
Magnífico. Nada que objetar.
Pero eso sí, y permítanme consejo: alégrense mucho, pero mucho y tres muchos más.
Alégrense tanto como para que cuando Túnez o Egipto o Yemen democratizados se conviertan en asiento de la más rabiosa reacción antioccidental y antijudía, cuando la marea democratizadora deje paso a la pleamar sobre la que podrá asentarse el fundamentalismo islámico de las juventudes y senectudes del profeta, todavía les quede fuerza para gritar o entonces sí y solo balbucear: «¡Viva la libertad!»
Porque, ay, la democracia ha demostrado ser animal tan magnífico que procura su propia muerte y la refrenda con votos.