Jorge Ferrer - 13/03/11
Categoría: Freaks | Etiquetas: Agua corriente
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Leo que ha viajado a Cuba el «Hombre Más Alto del Mundo», Guinness World Records dixit. Soltan Kösen se llama el elefantiásico turco que vimos en las televisiones hace un tiempo.
No sé qué coño mueve a un pobre tipo, por enfermo, a subirse a esas latas de sardinas que son los aviones y cruzar el Atlántico para visitar isla tan desafortunada. Y la curiosidad me lleva a escrutar la jeta del responsable de tales transportaciones. Italiano el tipo, veo, y con una cara y modos de mascatrancas —políticamente hablando— que echa pa’trás.
La prensa cubana dice que lo llevaron «jóvenes entusiastas de una organización de solidaridad con Cuba». Y ya saben: cada vez que la prensa castrista moteje a alguien de «amigo de Cuba», es evidente que tratamos con un procastrista foráneo. Con un hijo de puta, vaya. Hay otras adivinanzas que fallan. Esta tiene respuesta unívoca.
Intrigado, me voy a la web del para mí anónimo mascatrancas e hijo de puta italiano y castrista, anunciada en las fotos tomadas en La Habana. ¡Todo un negocio el del tipo! Memorabilia castrista y cheísta —eso por aquel Guevara. Memorabilia, porque… bueno, a qué explicarlo. ¡Todo un vendedor de fetiches totalitarios!
Y allí, entre tanta mercancía, ay, esta bonita instantánea del «Hombre Más Alto del Mundo» previa a su viaje a La Habana. Modelando el Polifemo. Gocen (cuanto puedan):

¡Mira que he visto a freaks o frikis asociados a la figurita recortada de Korda! ¡Pero la estatura de esta imagen repugnante, y va sin segundas, es de veras de record!

De contra:
Ah, por cierto, el mascatrancas e hijo de puta e italiano y castrista también recoge en su web una fotografía, la primera, con sujeto que se nos va haciendo cada vez más familiar. Y no es un decir. Antonio Castro, sí.
Tal vez ya va siendo hora de que aquí lo bautice en clave dinástica como Castro III. Lo que hace años hice con su padre y su tío: Castro I y Castro II, respectivamente.

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Jorge Ferrer - 11/11/10
Categoría: e-cuba, Exilio, Freaks, Poscomunismo | Etiquetas: Agua corriente
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Mientras proliferan los comentarios acerca de la presentación de Las Aldeanos en Miami; mientras se pelean dos canales de televisión más malos que pegarle a un padre con que si cuál les dio más y a quién retribuyeron ellos mejor; mientras los devaluados performers de Vigilia Mambisa les llaman «existencialistas», entre otras perlas de filosofía menor; mientras los empresarios que se lucran con el llamado «intercambio cultural» los pelotean con su verborrea reconciliadora; mientras se discute si lucieron bien o mal con Alexis Valdés anoche; mientras una ex funcionaria del ICAIC los apoda «Los Ardeanos», sabrá ella por qué, buscando ridiculizarlos; mientras los reporteros se afanan por acercarles a Aldo y El B los ojos de mosca de sus micrófonos ansiosos de escucharlos responder exactamente lo que se espera responda cubiche radicado en Cuba que pisa por vez primera el Aeropuerto Internacional de Miami; mientras me disgusta, que mucho, escuchar la inautenticidad manifiesta de sus declaraciones en discurso programado (amor, familia, puah); mientras tanto televidente ocioso u opinador malicioso, cuando no simplemente imbécil, se escandaliza de que las respuestas no se ajusten a la plantilla; mientras La Habana monitorea con celo los movimientos de unos y otros para devaluarlos a todos —a Los Aldeanos y a los exiliados cubanos—; mientras todos esos que no tienen ni puñetera idea de qué es el hip-hop, qué los movimientos de la cultura underground en los barrios periféricos de todas las urbes de este mundo o cuáles los tortuosos caminos de la inserción en el mercado de lo etiquetado como «marginal» les exigen pronunciamientos dóciles a otro discurso dominante, uno que les es también ajeno; mientras tanto falso pacato dice que si tatuados y malhablados; mientras advierto cuánta gente carece de la idea más remota de lo que significa hacer arte contestatario no elitista en la Cuba castrista, es decir, arte que llegue efectivamente a toda una generación, y lo que eso vale; mientras me sorprende, hasta donde me pueden sorprender estas cosas, la ignorancia, acaso deliberada, que tantos ostentan cuando se trata de evaluar la relación entre artistas y poder político bajo una dictadura totalitaria; mientras asisto con estupor a tanto embaraje con que si me gusta más o menos su música para enseguida tomar el camino de la descalificación más ramplona; mientras me asusta por un instante que el divorcio entre la Cuba (digamos para ir rápido) real y los emigrados padezca hiato pareciera que insalvable; mientras sonrío pensando en la artificialidad de esa fisura alimentada a una por los Castro y sus correlatos exiliados, a sabiendas o no; mientras me solaza ver a tantos que no tiraron en Cuba ni un chícharo al presidente del CDR, not to mention al «delegado», que cantaba Gorki, arrancándose los pelos porque dizque el discurso de estos dos tipos participa de una idea de Cuba que difiere de «la nuestra», de haberla; mientras lamento la insobornable capacidad de los cubanos para vivir en el subterfugio o el exabrupto, pero pocas veces en el apartamento que los separa; mientras me divierte saber que escribir sobre Los Aldeanos, impredecibles como son y expuestos a tantas fuerzas como están, además de las propias, me coloca en la poco graciosa situación del que pueda ser desmentido por ellos mismos mañana; y, por fin, mientras lamento no poder estar en ese concierto en el Dade County Auditorium el próximo domingo, escucho, otra vez, por ejemplo, La naranja se picó.
http://www.youtube.com/watch?v=TRlAePTmb4Y
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Jorge Ferrer - 11/10/10
Categoría: Freaks | Etiquetas: amor
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Sí, ya sé… Ya sé que hace rato que no hablamos aquí de lo que importa.
De sexo, vaya… De la carne.
Ahí va. A veces pasa.
Ya saben mi nombre. ¿El de ella?
Sirena. Una manatí cariñosa…

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