Incontinente emisora de mensajes contradictorios, Cuba produjo ayer dos eventos visuales: una rueda de prensa de Oscar Elías Biscet, excarcelado hace unos días, y una nueva edición de la serie «Las razones de Cuba», donde se reveló al agente «Robin», empleado de la Seguridad del Estado.
Dado que ambos sucesos no parecen haber despertado más interés que el de unos pocos fieles de uno u otro bando, inserto aquí, atendiendo a la poco consistente vocación de servicio público de ETDLV, sendos segmentos.
1) Donde Oscar Elías Biscet habla desde La Habana a una sala vacía en Miami
2) Donde el agente «Robin» se pasea entre tocororos (comienza en 5:00; el video completo, aquí)
—Del carajo… «¡Zapata vive!», que todavía decimos dos o tres…
—…
—Esas visas afean la novela de su vida de mala manera.
—Bueno, el muchacho ya murió, ¿no? Si da para busto, siempre habrá cómo arreglarle el carné de mártir. De eso se ocupará el mañana…
—¡Ese es el problema! Los mártires se construyen desde el mañana de su martirio y esto de cerrar el de Zapata con un puñado de visas… Las mismas que lo colocarán ahora en la larga nómina de presuntos disidentes que apenas lo son para conseguir una de esas mismas visas para sí y el familión…
—Bueno, nadie ha dicho que se cierre… Como quiera que sea, lo cierto es que él no se va con visa, sino en cenizas…
—¡Peor!
—Para él, sin dudas…
—Albañil, disidente y mártir con mater dolorosa de las buenas… El tipo lo tenía todo pa’ novelarlo.
—Pero los demás personajes quieren vivir sus propias vidas. ¿De qué les sirve a ellos la novela que podría servir a otros?
—¡Vaya vidas!
—Fuera de allá, vidas como sepan vivirlas… Como la tuya o la mía, ¿no?
—¡Qué desperdicio de mártir, viejo!
—Ni que nos hicieran falta mártires…
Un UPDATE insoslayable:
Oscar Elías Biscet, dicen desde La Habana, “aceptó ser liberado y no viajará a España”. Luego, parece ser -todo es aún confuso-, permanecerá en Cuba.
Se trata de una noticia de relevancia mayúscula, dicho sin menoscabo de las otras liberaciones. La figura del Dr. Biscet ha ganado, y generado, una admiración y unas expectativas notables en el exilio cubano.
Su puesta en libertad es, tal vez, uno de los acontecimientos más importantes de los últimos meses, en cuando a la oposición cubana respecta.
No desdeñen esa pieza de vídeo hecha pública anoche en la televisión cubana. «Los peones del Imperio» se titula y en ella se produce el outing de un agente de la DSE infiltrado en las filas de la oposición.
Mal harían en desdeñarla, digo; en pasarla por alto. Yo no lo he hecho, aviso.
Bien al contrario, la he visto con mayúsculo interés. Y con el mayor interés he seguido cada una de las palabras de ese Carlos Serpa, con el mayor interés he atendido a sus gestos, las inflexiones de su voz. Mayor si cabe interés he puesto en escrutar su cara, los movimientos de sus labios, cada ademán. Hace rato no ponía, créanme, tanto interés en observar a un tipo. Atendí interesadísimo a la exposición de sus, digamos, «convicciones»; muy especial interés me despertaron sus palabras dirigidas a las Damas de Blanco. Enorme fue el interés que concedí a la manera en que se refiere al exilio, a nosotros. Descomunal el interés que puse en esa escena final cuando habla de «Fidel».
¿Que por qué?
Pues porque toda relación con los empleados de la maquinaria represiva de los hermanos Castro requiere mimemos con el mayor interés el tamaño del desprecio que nos despierta esa gente. Que dediquemos el mayor interés a alimentar el asco que sentimos por esos hijos de puta. Y muy especialmente, cuando se trata, como en el caso de este pobre Serpa, de un mero chivato. Un chivato que burla a mujeres que sufren el presidio de sus esposos o hijos. (¡Y es a nosotros a quienes llaman gusanos, oigan!)
No desdeñen ese «videíto», decía, porque se estarían perdiendo la materia con que engordamos animalito que también debe vivir con nosotros. Bautícenlo como quieran. Odio no es un mal nombre.