De cómo Orlando Zapata Tamayo venció a los gansos de La Habana

- 23/02/11
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En el campo de exterminio de Sobibor los alemanes implementaron un peculiar sistema para esconder sus crímenes. Los campesinos de las aldeas vecinas solían trabajar muy cerca de las alambradas y había que silenciar a los condenados que eran conducidos a las cámaras de gas cuando lloraban e imploraban clemencia, conscientes de repente de la suerte que les esperaba. Evitar que se supiera lo que ocurría dentro del perímetro cercado.

El método, como es sabido, consistió en la cría de unos trescientos gansos en improvisada granja estratégicamente ubicada junto a la cámara de gas. Cada vez que los condenados avanzaban hacia la muerte, unos chiquillos —también prisioneros— asustaban a los gansos y estos armaban crispado revuelo que silenciaba a golpe de graznidos los lloros de las víctimas.

Hoy se cumple el primer aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, una muerte en prisión que quiso ser silenciada y minimizada mancillando su nombre. A ello se aplicaron con celo los gansos de La Habana. ¡Cómo graznaron, madre mía! Los Manuel Lagarde, los Enrique Ubieta, los Miguel Barnet, los Edmundo García… ¡Cómo se esforzaron en silenciar la muerte de Orlando Zapata todos esos gansos! ¡Cuánto buscaron ensuciar el nombre de quien se dejó la vida en una prisión de los hermanos Castro, indoblegable porque tozudo, tozudo porque indoblegable!

Un año después, Lagarde, Ubieta, Barnet, García continúan graznando para silenciar las voces de las víctimas. Graznidos los de esos gansos que reciben desprecio unánime. Nombres, los suyos, que seguramente —y con la excepción de Barnet— apenas un puñado de lectores de este blog conoce.

Y mientras, Orlando Zapata Tamayo crece como una de las víctimas del régimen penitenciario castrista a la vez que su martirio ayudó a aliviar la suerte de muchos otros. Porque ya no hay graznido de asalariado ganso de una tiranía que consiga acallar el testimonio de quienes la padecen, incluso hasta la muerte.

¡En paz descanse Orlando Zapata Tamayo!

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Las memorias de Orlando Bosch

- 12/01/11
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He terminado la lectura de las memorias de Orlando Bosch: Los años que he vivido (Miami: New Press, 2010, 342 pp). Unas 150 páginas de texto, más abundante material sacado de las hemerotecas y el archivo fotográfico del autor.

Por extremas que sean las pasiones que despierte Orlando Bosch en valedores y detractores, su vida es una que merecía ser leída.

Activista estudiantil en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), dirigente del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Santa Clara, responsable de decisivos envíos de armas a Cuba desde Miami para las tropas de Fidel Castro, temprano organizador de la resistencia contra el régimen comunista instaurado en la isla por el propio Castro, protagonista crucial del inicio del movimiento guerrillero en el Escambray, organizador de campos de entrenamiento de exiliados cubanos en la Florida, responsable de operaciones militares contra intereses de la Cuba revolucionaria y de una amplia nómina de sabotajes dentro y fuera de Cuba, preso en varias ocasiones por su lucha anticastrista, entre ellas por la presunta autoría intelectual (junto a Luis Posada Carriles) del atentado al avión de Cubana de Aviación que se saldó con la muerte de 73 personas en 1976, etc., etc., Orlando Bosch es una figura atendible de los últimos sesenta años de la historia de Cuba.

«Luchador por la libertad» o «terrorista», según se le apliquen unos u otros baremos, el hecho es incontestable: Orlando Bosch contó –y contó bastante— en esa historia y valía la pena que la contara —y la contara bien— en sus memorias.

No ha habido suerte. Y no sé exactamente qué falló. Si la directora editorial Nancy Pérez Crespo o una idea errónea, por pobre, del noble género que se ocupa de contar los años que se han vivido, como reza el título.

Libro soso, prosa intransitable, lagunas o hiatos imperdonables, polémicas de nulo interés, regodeos absurdos, escenitas envueltas en celofán.

Uno siente que hay libro, porque hay hombre transitando por la historia, pero termina por no ver ni libro ni hombre ni historia.

Una lástima, oigan. No son muchos los cubanos que han dedicado toda la vida a la lucha contra las últimas dictaduras cubanas. La del dictador Batista —así lo llama Bosch que sabe de lo que habla— y la del dictador Castro.

Tampoco son muchos los que han decidido enfrentar a ambos regímenes con las armas, con la violencia. Violencia contra violencia. Ojo por ojo, aunque desde el exilio anduvieran tuertos de medios contra uno y, sobre todo, contra el otro.

Y sea cual sea la opinión de cada cual sobre tales empeños, y aun cuando se trate de una radicalmente contraria a esos afanes, todos deben leer esa historia. Conocerla. La de los que se concibieron vencidos como pueblo y no se quisieron dar por vencidos como hombres. Y eligieron el camino del gatillo y la pólvora.

Que el resultado de este empeño editorial sea calamitoso no hace justicia a los lectores. Tampoco a Orlando Bosch.

UPDATE:

Un lector me pregunta dónde comprar el libro.

Dónde puedo comprar el libro de orlando bosh dime si lo puedo ordenar online o lo tienes en pdf un abrazo

Antes de publicar el post llamé a Librería Impacto, la única referencia que me aparecía con existencias. Nadie respondió al teléfono y preferí no anotarlo, porque su site en Internet tampoco respondía. Vuelvo a llamar ahora y la amable librera me confirma que disponen de ejemplares del libro, cuyo precio “oscila entre los $20 y $25 y tal vez menos”.

Aquí los datos de Librería Impacto.

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La disidencia cubana según Wikileaks: ¡no quiero llanto!

- 17/12/10
Categoría: Cambios en Cuba, Oposición, Wikileaks | Etiquetas:
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Los cables filtrados por Wikileaks y publicados en la noche del jueves por el diario El País muestran que los funcionarios norteamericanos no creen en la oposición cubana, conocen muy bien las divisiones internas que la fragmentan, son conscientes del ansia de cada facción por conseguir más dinero y así «opacar» a las otras, saben del divorcio del discurso opositor y la opinión pública cubana, etc., etc.

Muestran lo que sabe cualquiera que atienda a los avatares de casi —subrayo: casi— todos esos pocos que han elegido el duro camino de la «disidencia» a un régimen totalitario, ya sea por convicción o por interés. Metidos en harina, acaban enharinados por la DSE, por la presión familiar que les pide visas y salto a Miami, por los tejemanejes de quienes se lucran con ellos desde el exilio o por las dentelladas de quienes compiten por el favor de los donantes. Las más de las veces también por sus propias miserias, de las que nadie está exento y el hostigamiento de la policía castrista exacerban.

Que a Martha Beatriz Roque la llamen entre ellos «La Bruta», que de Elizardo Sánchez todos tengan la certeza de que colabora con la DSE, que Vladimiro o Payá terminaran siendo caricaturas de sí mismos, que cada vez que nos inventamos un «Mandela cubano» acabemos pifiándola, que la unidad de las Damas de Blanco sea una entelequia vendida a tontos…: todo eso lo saben los diplomáticos norteamericanos, ¡y todos los demás!, en La Habana. Para rizar el rizo hace unos días dos disidentes se pelearon a puñetazos a las afueras de la Oficina de Intereses y ahora muchos buzones de correo —el mío entre ellos— van recibiendo los trapos sucios, jaba a jaba. En ellos la pugna por CUC más o CUC menos es una dolorosa constante.

Eso será lo malo para algunos.

Para otros lo bueno será que aun reconociendo todo eso los diplomáticos norteamericanos terminen cada descripción de las lacras de esa oposición con invariables «los seguiremos apoyando».

Si nos aplicáramos aquello de que cada pueblo tiene no solo el gobierno que merece sino también la disidencia que merece, habremos de concluir que con los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos hemos ganado aliado que no merecemos.

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