Fidel Castro: «Las efemérides me absolverán»

- 01/09/10
Categoría: Transición | Etiquetas: ,
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Dice Fidel Castro que si alguien es responsable de la represión contra los homosexuales en Cuba, ese es él.

¿Que por qué?

Pues, porque mientras esa represión tenía lugar, él estaba ocupado en otras cosas. Con que si le hacían atentados, con la Crisis de Octubre… Con hacer política, vaya, que ya se sabe lo ocupado que está un líder que va haciendo historia.

El argumento es de veras conmovedor y viene con par de trampas armadas con paciencia de resucitado.

Porque, primero, lo que nos viene a decir es que Fidel Castro considera que todos los que se adueñaron del poder en 1959 eran una pandilla de hijoputas y sádicos represores a los que sólo él, nuestro Moderado en Jefe, ponía coto. Y como nunca estaba disponible por culpa de la CIA, ya se sabe: ¡a reprimir se ha dicho! Que, oigan, si en Langley no hubieran dedicado tanto tiempo a preparar batidos ponzoñosos, que a nadie le quepa duda que Virgilio Piñera o Reinaldo Arenas la habrían pasado la mar de bien en el mar de las Antillas. Castro I se habría ocupado de alejar a los homófobos a pescozones.

Y dos: todos sabemos que eso no lo veremos jamás, pero juguemos con la idea de que algún día Fidel Castro sea llevado ante un tribunal. Imaginemos, pues, por un instante que el juez le lee los cargos, la ristra de cargos, y vemos a la anciana figura ―con rostro compungido, pero sonrisa socarrona― reactualizar aquel distante «La historia me absolverá» con el exculpatorio argumento de su permanente ocupación en cenitales asuntos mundiales:

«La historia no sé, Señoría, pero lo que sí es seguro es que las efemérides me absolverán», proclamará blandiendo una enciclopedia.

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Primera transición…

- 16/08/10
Categoría: Estío, Poscomunismo, Transición
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En 1920, Rafael Martínez Ortiz publicó en París dos gruesos volúmenes que contienen testimonio vívido y exhaustivo de los primeros años republicanos: Cuba. Los primeros años de independencia. La segunda edición, que es la que poseo, salió de las prensas de la Imprimerie Artistique «Lux» -131, Boulevard Saint-Michel-, en 1921. Por entonces, Ortiz se desempeñaba como Ministro de Cuba en Francia, peldaño de una carrera diplomática al servicio de la República que lo quiso presente en el Salón de los Espejos de Versalles durante la firma del Tratado de Trianon y en múltiples reuniones de la Liga de las Naciones.

La crónica que hace Martínez Ortiz de los primeros años republicanos, es decir, de la instauración democrática en una Cuba que acababa de liberarse de la sujeción colonial, es lectura muy recomendable hoy. Como pertinente es la escena que cuenta Martínez Ortiz del primer encuentro entre Rafael Montoro y Estrada Palma, donde el recién nombrado presidente le asegura al antiguo autonomista: ¡Cuba será la Suiza de América! Y Montoro señala a la calle y pregunta: ¿Y dónde están los suizos?”

No se trata de establecer tercos paralelos, pero sí de encontrarse a cubanos que hace un siglo intentaron enderezar un país por la senda de la prosperidad y la norma democrática, bajo el escrutinio y la intervención de los EE.UU. y España. De las mañas que se dan para dilapidar la confianza ciudadana y la monumental ayuda que les llega desde Washington. De la facilidad con que se tuerce el rumbo del 20 de mayo. Del cómo basta un cuarto de siglo para que se comience a hablar de la necesidad de una refundación republicana. Para que se pavimente el camino hacia una cadena de dictaduras.

En vísperas de una transición, que está por ver cómo viene, vale la pena repasar esas dos transiciones que vivimos en el XX. De colonia a república; de república a dictadura comunista. En eso ando. Y sin motivo para el entusiasmo.

El caso del preterido Máximo Gómez que acabó muriendo debido a la infección que le provocaron las llagas que resultaron de los numerosos apretones de manos que recibió a lo largo de toda la isla me convence de que este futuro próximo hay que abordarlo con guantes. Como toda autopsia.

Esta nota fue publicada en ETDLV el 16/07/2007. Reaparece ahora con motivo de un cambio de ritmo estival.

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Castro I: Cuatro años de sobrevida

- 11/08/10
Categoría: Estío, Memoria, Transición
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El hombre que mira a la cámara es Fidel Castro. Lo que parecen ignorar sus ojos en busca de la lente es montañita de dólares. La foto fue tomada durante su viaje a los EE.UU. en octubre de 1955. Fue tomada -agradeceré el dato preciso- en alguno de los numerosos actos animados por Juan Manuel Márquez para recaudar fondos de la emigración cubana que financiaran la lucha contra Batista y la restauración de las libertades en Cuba. Al menos, tal era el discurso.

El mensaje que llevaron y resonó en Palm Garden, Nueva York, o el teatro Flagler, en Miami, tenía sabor de cónclave sionista: ¡Batista no finaliza 1956 como presidente! Un magnífico documental de Ricardo Vega –el primero de los tantos que ha hecho en el exilio- concluye con el discurso del teatro Flagler, aquel donde prometía que, triunfante la revolución, jamás volvería un cubano a querer exiliarse en Miami.

Con lo del Batista depuesto antes del lechón de la Nochebuena del 56 se equivocaban los feriantes del Movimiento 26/7. Al muchacho sentado tras la montañita de dólares del exilio le faltaba hacerse a la mar, llegar a la tierra prometida y ganar la condición de profeta. Tardó tres años en hacerlo.

Desde entonces, ese abogado cubano nacido en Birán ha dirigido los destinos de Cuba como yo gestiono mis libreros. Pleno dominio, tiránico orden, purgas periódicas, regalos decididos al albur de cualquier pasión inopinada…

Fidel Castro cumple hoy 81 años cumplirá 84 años en un par de días. Es un año Son cuatro años más de los muchos que quisimos que no cumpliera. Pero es el peor de todos ellos, porque es el año son cuatro años de una sobrevida que le han regalado la historia y la medicina. Una historia que tampoco quisimos y que nos colocó en un nuevo escenario del que también hoy es cumpleaños. El primero cuarto.

En casi medio siglo de gobierno, Castro hizo de Cuba cárcel y parque temático, símbolo de equívoca significación y objeto museable.

Y durante años millones de cubanos soñamos la Cuba sin Fidel Castro como quien imagina reino librado de ogro. Imaginamos resplandeciente arco iris y bullicio de duendes felices saliendo de bajo las piedras. Nos movíamos en los brillantes predios de la literatura infantil.

Ahora nos hemos topado, como el más pusilánime o desmañado de los novelistas, con personaje que se adueña del libro en extenuante e inesperado postfacio.

La atroz epopeya de Castro I se nos continúa en una secuela con Castro II por la que pululan personajes secundarios aupados al índice onomástico con mañas de ganar dos y tres líneas. Un libro nuevo que nos sorprende con su lengua extranjera. Uno, donde transición no es palabra aceptada. Uno, donde la voz marabú es espinoso eufemismo de las palabras fin y desastre.

Y todos, lectores ávidos o renuentes, esperamos ahora a ver si ese muchacho ante puñado de dólares cierra, ya cadáver y viajando en catafalco, una de esas páginas de la historia que dan para miles de notas a pie de página. Las mismas notas al pie de las que Walter Benjamín decía que son equiparables a los billetes ocultos en las medias de las prostitutas.

Una espera sin infantil esperanza. Una espera que, desvanecidas ya las esperanzas en un rápido cambio, vuelve a colorearse con tintes de desespero.

Este post apareció publicado en ETDLV el 13/08/2007 con el título “Un año de sobrevida”. Reaparece ahora con motivo del cambio de ritmo estival. Bueno, y con motivo de ver que lo escrito entonces vale tres años después como si escrito hoy. Mal rayo nos parta.

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