El poscomunismo en RED et al.

- 20/10/10
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Ya no es que las apariencias engañen. Ahora es mejor, ¿no?

En RED, estrenada esta semana en EE.UU., otra vez John Malkovich, otra vez la CIA y otra vez la Embajada de Rusia en Washington.

Otras, porque ya en Burn After Reading (2008), de los hermanos Joel y Ethan Coen, el mismo trío. Para los Coen los rusos eran cosa de risa ―hay alguna escena allí de veras hilarante en la Embajada de marras (Aquel «PC or Mac?», por ejemplo).

En RED, de Robert Schwentke, la Embajada esconde sórdido sótano donde oficiales rusos y norteamericanos enjugan los agravios con vodka y recuerdan historias de amor y despecho entre agentes de uno y otro bando.

El poscomunismo de Hollywood es un planeta más líquido que el nuestro. Tiene mucha, mucha más agua que tierra. Parecería un bien satélite donde empadronarse: impera la desmemoria en un paisaje por donde si alguna vez se pasea el rencor es para conjurarlo enseguida con una acción conjunta contra los nuevos malos.

Ni siquiera el RED del título, el mismo color rojo del cartel, alude a la ideología que supuraban aquel país y la embajada que ahora es set de rodaje. Aquí RED, vaya guiño, vale por Retired Extremely Dangerous. ¡Que son ganas de burlarse!

Lo bueno de todo esto es que las risas del público convierten el pasado reciente en ficción, supremo fármaco.

Lo malo, si acaso alguna vez ocurre algo malo en una sala de cine, es que uno paga $8.25 por un trago de desmemoria. Yo creo que nos la deberían vender más cara, al menos tanto como nos costará en realidad.

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(Algunas) Lecturas de octubre

- 14/10/10
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(Síganse los enlaces para las referencias bibliográficas completas.)

The Future of Nostalgia
Svetlana Boym

Pocos libros más completos si se trata de pensar la nostalgia como categoría que define la condición del exilio y los azares del hombre poscomunista. Boym, rusa de nacimiento y exiliada en 1980, ha conseguido reunir los fragmentos dispersos de la memoria de la emigración rusa y confrontarlos con un país que entró a la década de los noventa como niño con juguete nuevo, pero roto. Un libro de veras magnífico.
Me regaló, por cierto, una nueva pista cubana de Joseph Brodsky: el célebre armario que dividía La habitación que compartía con sus padres en (el entonces) Leningrado estaba coronado por, entre pocas otras, una botella de Havana Club.

A Distant Mirror. The Calamitous 14th Century
Barbara W. Tuchman

Prefiero a la Barbara W. Tuchman de La torre del orgullo o Los cañones de agosto. Su retrato de la Europa que se enfrentaba al horror de la primera guerra mundial trazado con paciencia y precisión de notario es sencillamente inigualable. En cambio, la incursión de Tuchman en el Medioevo no me ha entusiasmado demasiado. Si su Europa del siglo XX es retrato vivo e hiperrealista, su manoseo con el pasado medieval tiene algo de caricatura.

Let me go (Lasciame andare, madre)
Helga Schneider

Adelphi publicó en 2001 este libro que no había llegado antes a mis manos. Helga Schneider fue abandonada por su madre en el Berlín de finales de los años 30 del s. XX. Cincuenta años después vuelven a reunirse en un asilo de ancianos en Viena, donde su madre espera la visita de la muerte. Y hablan de lo que las separó: el fanatismo de una mujer que prefirió el uniforme de las SS e irse a trabajar en Ravensbruck y Birkenau ayudando a los médicos que experimentaban con los presos judíos, antes que cuidar de sus hijos.
Intensidad, dolor y razones. Muy recomendable.

Batista. From Revolutionary to Strongman
Frank Argote-Freyre

Una biografía de Fulgencio Batista. O media, porque hay anunciada segunda parte que ya tarda.
La salva el hecho, nada fortuito, de que nadie haya emprendido otra en décadas. La condena todo lo demás: aburrida, escrita con lengua de estudiante de secundaria, la grisura, cuando no oscuridad, de las fuentes.
Con todo, atiéndasela. Para generaciones de cubanos Rubén Fulgencio Batista es un perfecto desconocido. O un conocido imperfecto.

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¿Su nombre? Sirena…

- 11/10/10
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Sí, ya sé… Ya sé que hace rato que no hablamos aquí de lo que importa.

De sexo, vaya… De la carne.

Ahí va. A veces pasa.

Ya saben mi nombre. ¿El de ella?

Sirena. Una manatí cariñosa…

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