De cómo elegantes chefs discuten…
Jorge Ferrer - 21/05/10Categoría: Oposición | Etiquetas: Agua corriente
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…el menú que degustará Guillermo Fariñas cuando la voz “parenteral” ya no nos ocupe.
Sus armas discretas, porque no secretas…
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…el menú que degustará Guillermo Fariñas cuando la voz “parenteral” ya no nos ocupe.
Sus armas discretas, porque no secretas…
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Ciento siete ocho años desde el 20 de mayo de 1902. ¡Tremenda fiesta! ¡Viva Cuba libre!
¿Cuántas veces hemos sido felices desde entonces, sin embargo? Felices en tanto nación, quiero decir, que los individuos podemos ser felices, o no serlo, siempre.
Bueno, lo fuimos aquel día de la inauguración republicana. Por ahí andan las crónicas. ¡Qué dichosos los cubanitos aquel día!
Todos dudaban de la posibilidad de enrumbar el país sin los americanos, pero gozaban de lo lindo. «Cuba será la Suiza de América», dicen que dijo Estrada Palma. «Pero ¿dónde están los suizos?», le preguntaron. Y pasaba la conga.
Fuimos felices más tarde cuando la Danza de los Millones. Bueno, lo fueron unos cuantos. Duró poco y acabó a tiros de brevísima trayectoria.
Fuimos felices cuando se fue Machado. Pero la felicidad dura poco en casa del pobre.
Lo fuimos con la Constituyente de 1940. Europa estaba en guerra. La civilización occidental amenazaba hundirse y los hornos crematorios trabajaban estaban a punto de comenzar a trabajar a toda marcha. Pero los cubiches, ay, a proclamar constitución requetemoderna. Listos que éramos. Listos que estábamos. ¡Pa’ lo que nos valió!
¡Apoteosis de la felicidad, la década de los cincuenta! Terrorismo, crímenes de estado, guerrilla, pero, oye, los cubanos todavía añoran aquellos años de carritos nuevos, el “Sans Souci” y el túnel horadado por la Societé des Grands Travaux de Marseille (Marsella no era una ciudad del Magreb como hoy, entonces.) ¡Chapurreaban el francés aquellos indígenas!
Y aún estaba por llegar la felicidad suprema: ¡la rRevolución! Ay, mamita, ¡no cabían en sí de gozo los cubanos! La Oda a la alegría es baladita tristona al lado de la guitarra de Carlos Puebla. Felices como perros con correa nueva estaban los cubanos. ¡Al fin serían grandes entre los grandes, amenaza de guerra nuclear incluida! «El que tenga miedo que se compre un perro», decían. Perro no come perro, pero llamaba a comprarlo.
Hace poco cosa de un año leí a uno tipo que glosaba su felicidad en los años ochenta, con castrismo a pulso. Las cebollas de Albania, el coñac de Armenia y el pollo a la jardinera de Bulgaria. ¡El tipo los echaba de menos! «¡Qué felices éramos!», aseguraba.
Y fuimos felices por fin cuando Carlos Valenciaga nos dijo en agosto del 2006 que su jefe defecaba por el costado. ¡Felicísimos! ¡El paraíso estaba a la vuelta de la esquina! ¡Faltaba nada, un dedito!
Pero aquí Aquí estamos.
Los exiliados, exiliados. A Ángel Santiesteban, quien escribe un blog en este mismo portal, le rompieron un brazo ayer en La Habana por escribir en la prensa libre. Los que no, en lo mismo.
107 108 años desde el 20 de mayo de 1902.
¿Lo celebro? De hacerlo, ¿por qué coño brindo, oye? ¿Por la patria? ¿Por Cuba o por la madre de los tomates?
Ilustración: Bandera cubana izada en La Habana el 20 de mayo de 1902.
De contra (a la ilustración):
Antes se arrió la bandera norteamericana, claro:
De recontra:
Este post apareció en ETDLV el 20 de mayo pasado.
¿A qué escribir otro cuando este basta?, me he dicho.
Las actualizaciones, mínimas, están a la vista.
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De vuelta de una cena a favor de los presos políticos cubanos organizada por el sector liberal de Convergència Democràtica de Catalunya en un hotel de Barcelona. Que gracias por la iniciativa, pues el dinero recaudado irá a parar a manos de los familiares de los presos.
Carlos Alberto Montaner fue el orador invitado. Espléndida su intervención. Y espléndidas sus respuestas a las preguntas del público. Que gracias.
Los presentes, unas ochenta personas. Que bien. Por la solidaridad que ello demuestra con la causa de la democracia en Cuba y porque tratándose de una cena con fines benéficos el número de asistentes redunda en una mayor recaudación. Que magnífico.
De esas ochenta personas que acudieron a la convocatoria a acto de apoyo a los presos políticos cubanos, cubanos conté once. Once.
«¿Cómo es que la gente en Cuba no apoya a los presos, a las Damas de Blanco?», se pregunta de vez en cuando algún incauto y se coloca máscara de estupor.
Bah. Como si esa fuera pregunta difícil.
Difícil, si acaso, es otra: ¿cómo es que los cubanos residentes fuera de Cuba, empleados por su cuenta, sin CDR a la vista y con la vida resuelta, como suele decirse, no apoyan a los presos?
Ésa es la buena. También por la extraordinaria luz que arroja sobre la primera.