Castro, Jruschov y Lincoln: fotos de la Guerra fría

- 17/05/10
Categoría: Arte, Memoria | Etiquetas:
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Son dos fotos de comunistas ―uno de ellos aún usufructuaba el prefijo «cripto-»― ante marmóreo Abraham Lincoln. Dos magníficas instantáneas de la Guerra fría. Extraordinarias ambas.

La Guerra fría, fría por eso, fue guerra de discursos, gestos y escaramuzas ―aunque algunas de las últimas dejaran muertos regados. Unos cuantos miles. Decenas de miles. Acaso cientos de miles.

Una fotografía, la de Fidel Castro, se la debemos a Alberto Korda. El fotógrafo dejó dicho que desde que Fidel la vio ya no llamó más a sus jefes para solicitar sus servicios. Le gustó tanto y tanto le gustó, que a partir de ahí lo llamaba siempre directamente. Le valió ―aunque él lo negara― la categoría de fotógrafo oficial. Korda tituló la foto «David y Goliat». Le estaba dando nombre, sin quererlo, a babosada de medio siglo y más.

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La segunda fue fruto de la casualidad, como tantas buenas fotografías cruciales. Burt Glinn ha contado que llegó tarde al set y tuvo que contentarse con las espaldas de Nikita Jruschov. ¡Bendito retraso! El tosco campesino que redimió de la esclavitud a millones de esclavos de Stalin mira al abolicionista por antonomasia. ¿Qué importan sus ojos cuando ese iluminado occipital -¡flash!- sobre nuca de aparatchik lo dice todo?

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Sendos momentos fijados en imágenes que ahora nos parecen de otro mundo. Porque fotografiar, por aquel entonces, era fijar de veras y fijar lo de veras relevante. Así estos dos episodios apenas protocolares que sendas lentes elevaron a categoría suprema.

Ambas fotografías fueron tomadas en 1959. Cuatro años más tarde allí mismo, dónde si no, pronunció Martin Luther King su célebre «I have a dream».

Korda y Glinn fueron los fotógrafos del año en lo que a Cuba se refiere, aunque el último se vio privado de darle a Magnum lo que Korda le dio a la historia.

Pero Burt Glinn nos legó la que probablemente sea la galería más completa del pathos revolucionario. ¡Véasela!

Encima, nos ha contado esa historia terrible a la vez que banal:

Shin-Divider

De contra:

A quien no le funcione el embed de Magnum -trabajo me ha costado insertarlo y aun así me corre a veces y a veces no- acuda al original aquí.

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Putas contraseñas

- 17/05/10
Categoría: Media | Etiquetas:
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Skype, Facebook, Twitter, Rebtel, Spotify, Vkontakte, la banca online, GoDaddy, WordPress, Odnoklassniki, PayPal, una veintena de publicaciones digitales a las que estoy suscrito, cuatro direcciones de correo electrónico, servicios de venta por internet –Amazon, eBay, alibris, Fnac, y aquí largo etc.―, portales varios para descargar archivos o subirlos ―Scribd, Youtube, Megaupload…―, redes de bibliotecas online, enciclopedias y diccionarios especializados, páginas de «ocio» ―¡eh, tranquilitos, malpensados!―, etc., etc.

Para todos, nombre de usuario y contraseña. Los primeros más o menos los comparto, de manera que me basta media docena. Las segundas son casi todas distintas, obediente que soy a las recomendaciones de los portales que advierten de la posibilidad de que alguien se haga con mis señas y se pasee por el interior de mis lecturas, se embolsille mi dinero o descubra una a una mis aficiones. El caso es que los passwords, o contraseñas, que utilizo pasan de la treintena.

Así, la opción «recuperar la contraseña» se ha convertido poco a poco en mi obligada amiga predilecta.

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En Blade Runner, una de las diez obras de arte más acabadas del último tercio del siglo pasado ―Madonna, las flip-flops (lo que los cubanos llamamos chancleta «metede’o») como objeto pop y el Millenium Bug son otras tres―, leer los espasmos del iris es la herramienta que permite distinguir a humanos de replicantes.

Sé que muchos protestarán cuando semejante tecnología se cuele en nuestras casas y sea a golpe de pupilazo que accedamos a la Internet «privada» de cada cual. Dirán que alguien nos podría robar los sueños mirándonos a los ojos desde Silicon Valley.

Bah, los sueños. Esos muebles menesterosos de tapicero.

Yo ya voto porque así sea, porque un gadget que escrute mi ojo, o ambos, me permita prescindir de tanta identidad multiplicada, por sacudirme esta maraña de nombres y contraseñas que ya apenas recuerdo, porque se comuniquen mi carne y la Internet, siquiera en forma tan dudosa como ésta en la que ya se comunican mis huesos y mi nombre propio.

Y si alguien tratara de aprovecharse desde el otro lado, siempre podré asustarlo ―bueno, y también tentarlo― con lo que han visto los ojos de los que creo ser dueño.

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Periódicos para envolver pescado…

- 15/05/10
Categoría: Actualidad, Media | Etiquetas:
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el-país-garzón-franquismo

La cuestión es calcular si esos «El País», «extrema derecha», «acoso», «Garzón» y «franquismo», si la tinta con que se imprimen en las 400.000 copias de este sábado alcanzarían para ahogar ―ahogar, he dicho― a los fusiladores de entonces ―los de ambos bandos― y el rencor más bien postizo de ahora.

¡Por supuesto que no! ¡No habría tinta pa’ tanta sangre!

He ahí otra prueba, si alguna faltaba, de que la función definitiva de los periódicos y aquella donde sí muestran una total eficacia es la de envolver el pescado de hoy.

De que la prensa apenas consigue ―¿qué digo?: ¡nunca consigue!―, resolver (sobre) pasados tintos en sangre.

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