Para desdramatizar hay que descubanizar. Para recobrar el sentido de la realidad uno debe antes desalojar toda esa cosa falazmente llena de taínos, mambises, próceres republicanos, barbudos, revolucionarios y exiliados. Si queremos que nuestro relato sea legible y verosímil, ¡ni un cederista ni un buscavisas más dejando su rastro de baba por sus páginas!
Escribir y actuar, ¡ja!, en serio. Despojarnos de esa cosa plañidera que llamamos «Cuba», sobre todo cuando la apellidamos «martiana». Esa es la vía de excelencia. Recuperar el origen —el Ursprung dicho a la nietzscheana y heideggeriana manera. Convencernos de que el origen de nuestro relato no está ni en Espejo de paciencia ni en «Nuestra América» ni en La historia me absolverá ni en los carteles del ICAIC o la Tricontinental. Como su telos no tiene estación de llegada en la «transición», el «socialismo inamovible» o la ciénaga del postcomunismo. (Ciénaga de Zapata sería un hashtag de mal gusto, ya sé, por lo de aquel muchacho.)
Hay que salir a buscar el origen en las esquinas donde no lo hemos buscado antes o lo hemos buscado apenas y a regañadientes. Reinventar nuestra tradición amparados en un paisaje donde no estamos ni estuvimos, pero que podamos habitar alguna vez. He ahí la cifra del post- (comunismo, castrismo) y la sisa de su manga ancha en la que cabrán los sujetos de la comparsa por venir. Una manga de aire, una manga de agua. El imperio del flí.
Generoso, le doy pista de canción con la que triunfará en esa cena de esturiones, pirozhki, caviares y pelmenis.
Ahí va, vate. Es “Cuba, mi amor” en voz de Iosif Kobzon, el, ¡agárrense!, “Frank Sinatra ruso”.
Por cierto, y esto es un bonus para lectores MUY atentos de ETDLV. El año pasado me reuní con Kobzon y en este blog inserté una anécdota sabrosa de esa reunión, sin nombrarlo. Por precaución. A ver si alguien une los puntos y traza la figura…
De contra:
A quienes lean en ruso, les va “de contra” la letra:
Куба – любовь моя
Музыка: А.Пахмутова Слова: С. Гребенников и Н.Добронравов
Куба – любовь моя,
Остров зари багровой.
Песня летит над планетой звеня –
Куба – любовь моя!
Слышишь чеканный шаг –
Это идут барбудо;
Небо над ними как огненный стяг
Слышишь чеканный шаг!
Мужество знает цель!
Стала легендой Куба,
Вновь говорит вдохновенно Фидель –
Мужество знает цель!
Родина или смерть! –
Это бесстрашных клятва.
Солнцу свободы над кубой гореть!
Родина или смерть!
Куба – любовь моя,
Остров зари багровой.
Песня летит над планетой звеня –
Куба – любовь моя!
1962
De recontra:
Una lectora me recuerda que ya aquí inserté antes lo que sería triunfo mayúsculo si a cantar se lanzara allá en Moscú. Y que lo hice hasta con versión cubanizada. Falible memoria la mía.
Otro, el largo viaje de Raúl Castro a China. Habría dedicado dos jornadas completas a llegar a Beijing, ¡figúrate!, y cabe imaginar entonces que hizo larga pausa en el camino. ¿Dónde la hizo? ¿Por qué triángulo se paseó en bermudas o esos trajecitos picúos? ¡Misterio, proclaman!
A mí me encantan los misterios en general y cuando se trata de Cuba es que me froto las manos con tal fruición que se me pone cara de mosca.
Hace un par de noches cené con una señora recién llegada de esa hermosa isla. El tema de la moringa asomó a la mesa bien provista de otras viandas. Mi invitada me contó que estuvo hace una semana en el CIMEQ y mientras aguardaba su turno en la sala de espera la conversación fluía sobre el árbol de las salvaciones. El CIMEQ, ya se sabe, clase media y media alta -digo, por traducir los escalones de la nomenklatura castrista a una lengua viva. Fluía la charla, oleaginosa como el árbol de marras ensalzado por el dictador en avatar zombi. Todos tenían alguna idea para aprovecharlo, todos estaban encantados con el descubrimiento. Todo eran plácemes. Panacea, pharmakón, todos acariciaban la moringa. ¿Misterio, también?
Miren, si de misterios, de inescrutables arcanos cubiches, de cifra ocultas en baile de caracoles, se trata, preguntémonoslos otra vez por el mayor de todos, el supremo: ¿cómo es que 52 años después estamos aquí? ¡Ese es el misterio, nenes! Todo lo demás, mordida más o mordida menos, no pasa de ser un largo desayuno con mesa servida de catibía… acompañada ahora, por lo visto, de mousse de moringa.