Jorge Ferrer - 10/09/10
Categoría: e-cuba, Exilio, Transición | Etiquetas: Agua corriente
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Dice hoy Fidel Castro de la tan meneada «confesión» a Jeffrey Goldberg:
«Le respondo “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros.” (…) Pero lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario…»
«Exactamente lo contrario», pues…
Retomemos la vocación de servicio público que tanto descuida ETDLV y veamos qué puede ser lo contrario de lo que le dijo al bueno de Goldberg. Volvamos la frase al revés:
1) »˙soɹʇosou ɐɹɐd ɐɹǝınbıs ıu ɐuoıɔunɟ ou ɐʎ ouɐqnɔ oןǝpoɯ ןǝ«
2) «Sortoson arap areiuqis in anoicnuf on ay onabuc oledom le.»
Ahí está.
Y ahora, ¡a trabajar!: quiero ver a todos los listos que dedicaron dos días enteros a elaborar sesudas teorías sobre lo que quiso o no quiso decir Castro I explicándome qué vía exegética seguir con esos dos ejemplos del «exactamente lo contrario».
¡Qué hable el oráculo de FIU! ¡Qué nos iluminen las redacciones! ¡Al combate corred, cubanólogos! ¡Transitólogos del mundo, uníos!
Todos los que proclamaron que estábamos ante espaldarazo a las «reformas de Raúl», ¡qué hablen ahora con las letras dibujadas sobre azogue!
Y, miren, como me levanté hoy generoso, les echaré una mano. Visto que en los anteriores ejemplos 1 y 2 los caracteres aparecen invertidos, podrían rizar aún más el rizo y proclamar que la declaración de hoy implica un doble apoyo a Raúl, porque significa que lo respalda tanto, pero tanto, que no le importaría que fuera «invertido». «Mariconsón», vaya, pa’ respetarle la jerga homófoba y cuartelaria.
Eso sí, cuídense de volver la declaración al revés y en serio. Ello arrojaría que «El modelo cubano todavía funciona y sobre todo para nosotros».
Y ahí, la verdad, no hay mucho dónde arar para beneficio de optimistas.

UPDATE:
Hoy es 11 de septiembre.
Y no olvido, no olvidemos, el horror

La imagen es de Richard Drew para Reuters
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Jorge Ferrer - 10/09/10
Categoría: Actualidad, Freaks | Etiquetas: Agua corriente
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Ha hecho falta que su jeta de white trash y su discurso más simple que la tabla del uno llenara televisiones y periódicos para que este Don Nadie, acuciado por todos, anuncie que se abstiene de llevar adelante el Burn a Koran Day.
Desde Gainesville, Fla., un mascatrancas ha puesto en alerta a los servicios de seguridad de todo el mundo y ha puesto en peligro a soldados desplazados a zonas de conflicto y a civiles en todas las capitales de Occidente. Daños colaterales del periodismo/terrorismo: un Don Nadie se convierte en alguien muy peligroso a la vista de todos. Un peligro público, que se dice.
Debimos ahorrarnos el trámite y no echar a correr el delirio de este alienado.
La cuestión es sencilla. Créase lo que se crea del Islam, ténganse las convicciones que se tengan sobre el terrorismo islámico, hay una ecuación sencilla: en Occidente no quemamos libros; los leemos.
La cuestión es aún más sencilla: cuando veas a un tipo con esta pinta y una pistola en la mesa que se muestra dispuesto a quemar libros en aras de una idea suprema ―cualesquiera que sean los libros o las ideas― ten la certeza de que el fascismo está entre nosotros.
La cuestión, con el Corán, es aún mucho más sencilla. Impleméntese un Read a Koran Day. Ahora mismo, dale.
La lectura de libro tan insoportablemente soso, tan miserablemente escaso de imaginación, tan groseramente soporífero, es el mejor ejercicio para relegarlo al último de los anaqueles.
Y no hace falta que ningún «ministro» evangélico lo arroje al fuego. Ya los lectores se ocuparán de lanzarlo a las luminosas llamas de la irrisión (si dios quiere, claro).
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Jorge Ferrer - 09/09/10
Categoría: Media | Etiquetas: Agua corriente
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La segunda entrega de la crónica de Jeffrey Goldberg sobre su visita a Cuba no tiene desperdicio. La razón es sencilla: el periodista de The Atlantic tiene algo de lo que carecen el resto de extranjeros que han visitado al dictador en el retiro regalado por la resucitación. Tiene sentido del humor. No es que no lo tengan otros de los visitantes de marras, como los aquiescentes venezolanos y el imbécil de Daniel Estulin, un tipo que sostiene que Theodor Adorno escribió las letras que cantaban los Beatles ―supongo que Help me!, cuando huía de los nazis. Pero Goldberg los supera en algo: no tiene reparos en «mirar» a Castro I desde la sorpresa del norteamericano que se encuentra con un déspota comunista. Y eso me divierte tanto como lo divirtió a él.
Goldberg ha producido dos titulares que The Atlantic tendrá largo tiempo entre los mejores que ha conseguido publicar. Primero, un Castro que riñe a Ahmaddineyad por su rabia antisemita. Y hoy, ese desopilante: «Fidel: ‘Cuban Model Doesn’t Even Work For Us Anymore’». Sin dudas, el mejor titular que ha dado Cuba en décadas.
No hay que engañarse. El hombre que habla con el periodista llegado del norte es el mismo que habló a Herbert Matthews en la Sierra Maestra. Alguien que domina el arte de convertir los titulares en píldoras que ubicar en el gaznate de la maquinaria informativa.
Pero otro es ahora el decorado y otra es la página de su biografía que leemos. Y no sé ustedes, pero yo estoy gozando de lo lindo.
Las crípticas palabras del entrevistado, que Goldberg hace explicar a la sosa funcionaria del Departamento de Estado Council on Foreign Relations que lo acompaña, me interesan menos que el relato del ocaso de un dictador que leo en esta crónica. Ese Acuario Nacional que se abrirá en día feriado para que le lleven su butaca y pueda admirar a los delfines ―animales tan inteligentes. Su desprecio por todo lo que no sea la gloria que ya ni siquiera cabe en el hongo de una explosión nuclear.
He asked us, “Would you like to go the aquarium with me to see the dolphin show?”
I wasn’t sure I heard him correctly. (This happened a number of times during my visit). “The dolphin show?”
“The dolphins are very intelligent animals,” Castro said.
(…)
Someone at the table mentioned that the aquarium was closed on Mondays. Fidel said, “It will be open tomorrow.”
And so it was.
Hace décadas leíamos, ¿recuerdan?, aquellos ciclos de novelas sobre dictadores. Ahora asistimos en directo a la redacción del final de esa novela sobre «Fidel» que nadie quiso o nadie pudo escribir.
Y entendemos el por qué. Faltaba todo esto. A saber, la resucitación del protagonista y su empeño en escribir de su propia mano el final de ese libro. Y asistir al cómo lo que iba a ser arcilla de la épica y la tragedia se convierte en comedia diseminada al instante por el rizoma de neón que es la red de redes.
No es la fábrica de sueños, sino la fábrica de una biografía que busca conjurar la pesadilla.
¡Gocen!
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