Jorge Ferrer - 17/02/10
Categoría: Media | Etiquetas: Agua corriente
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Soy aficionado a las encuestas de los diarios digitales. Me gustan esas preguntas plebiscitarias, ese aire de gravedad, esas distinciones en las que uno parece jugárselo todo sin jugarse nada.
Me gusta votar y tanto más me divierte ver los resultados. En algunos casos, puedo pasar por La Vanguardia, El Nuevo Herald o El Periódico de Catalunya ―tres diarios con encuestas diarias que rara vez paso por alto― varias veces al día a ver cómo se mueven los síes y los noes.
Son en cierto modo adictivas. Alguna vez me contaron que a una encuesta de esas que aparecen en televisión al pie de la pantalla y en las que se vota enviando sms a razón de euro y medio el mensaje hubo un 10 % que votó la opción «No lo sé». Gente que no sabía si sí o si no, pero aún así pagaba su euro y medio para manifestar su ignorancia. Son adictivas y tal vez lo sean porque le permiten a uno, desde la mesa de trabajo, constatar permanentemente si pertenece a una minoría o una mayoría, esas falacias con rostro ufano o mohín de víctima.
No menos importantes que los resultados -siempre nos recuerdan allí mismo que carecen de toda importancia en verdad, pues tales encuestas carecen de cualquier valor científico-, lo son las preguntas.
Así, por ejemplo, en esta peculiar encuesta con la que me topé hoy en el site del canal de televisión Russia Today:

¿No es maravillosa? ¿No lo es que un número indeterminado de participantes considere que Fidel Castro es «Un filósofo y escritor», categoría que debió crear un redactor fumado o dotado de un sentido del humor extraordinario? ¿O que ese mismo redactor divida en dos la condición de dictador para evitar mencionarla: «Un férreo gobernante» y «El Jefe de la Revolución»?
¿No es notable, por fin, que el voto esté tan dividido? ¿O que una encuesta de ocasión, sin más valor que el de su carácter superficial y la espontaneidad del voto, ponga un evidencia: 1) que nadie parezca saber quién es Castro I en realidad y 2) que la estrategia de pasar por intelectual fin-del-mundista coseche éxitos siquiera tan pedestres?

UPDATE:
Perdón por la omisión: se puede (por ahora) votar aquí.
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Jorge Ferrer - 16/02/10
Categoría: Letra impresa, Memoria | Etiquetas: Letra impresa
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Por invitación de Security Index, revista de PIR-Center. The Russian Center for Policy Studies, prestigioso think tank con sedes en Moscú y Ginebra, escribí sobre el libro que recoge la entrevista de Ignacio Ramonet a Fidel Castro. La edición rusa apareció en 2009 y Security Index quería contraponer distintas visiones sobre Cien horas con Fidel.

El texto acaba de aparecer publicado en ИНДЕКС БЕЗОПАСНОСТИ (Indeks Bezopasnosti), № 1 (92), primavera de 2010.
En inglés, estará disponible en las próximas semanas en la versión en esa lengua que publica Routledge.
Las disposiciones sobre copyright de PIR-Center y Routledge me impiden reproducir aquí el texto íntegro.
No obstante, por cortesía de PIR-Center con los lectores de ETDLV, que agradezco, inserto unos pocos párrafos.
El texto completo de la versión original puede leerse aquí.
Castro (casi) por Castro
Por Jorge Ferrer ―para Security Index (fragmento)
Cuando el TU-114 que llevó a Fidel Castro en su primera visita a la URSS ―abril y mayo de 1963― se aproximó al aeropuerto de Olenia, en la península de Kola, el piloto se vio obligado a hacer dos acercamientos hasta que consiguió aterrizar. La espesa capa de nubes bajas y la niebla que cubría la pista amenazaron con provocar una catástrofe. Anastás Mikoyan, quien esperaba al líder cubano, felicitó efusivamente al piloto, cuya extraordinaria pericia sirvió para conjurar un gracioso guiño que pudo haberse permitido la historia: el joven revolucionario Fidel Castro, quien pronto cargaría con la misión de representar al «Bloque del Este» y al Kremlin en el hemisferio occidental, dejando sus huesos por accidente en uno de los célebres enclaves del archipiélago GULAG.
Ha transcurrido mucho tiempo desde entonces. Medio siglo después de que Fulgencio Batista abandonara Cuba y algo menos desde que la isla más grande del Caribe se convirtiera en un bastión del socialismo en América, a apenas un tiro de piedra de las costas de la Florida, Cuba es hoy un país que se perpetúa como el ajado dibujo de un mundo que ya no existe. Una caricatura cuyos trazos ―la pobreza compartida, la violencia de Estado, el control absoluto de los medios de comunicación, la doctrina del partido único…― fueron dibujados con el mismo carboncillo que antaño sombreó el paisaje del socialismo en la Europa del Este, si bien ha conseguido reinventarse una y otra vez para lograr una supervivencia por la que pocos apostaban hace veinte años.
Entretanto, el viejo dictador, retirado desde que una dolencia intestinal lo obligó a pasar por el quirófano en julio de 2006, se ha entregado con fervor a la fabricación de su biografía, a la meticulosa erección de un monumento que consiga perpetuarlo como una de las personalidades políticas más distintas del último medio siglo. Y no sólo eso. Mientras el cincel trabaja sobre el pasado, la pluma practica un estudiado aggiornamento del líder, que quiere verse transmutado de dinosaurio de la Guerra fría en profundo perito fin-del-mundista, heraldo de ecologistas, altermundistas y antiglobalizadores. Un Castro que, como cualquiera de los jóvenes que sale a manifestarse contra los líderes de la política y el orden económico mundial en Davos, Seattle o San Petersburgo, lleva ilusoria camiseta con el icónico rostro de Ernesto Guevara estampada en el pecho ―en realidad, por cierto, su uniforme de trabajo son trajes deportivos de Adidas, Nike o Puma― y un buen manojo de malas noticias que contar. En definitiva, en el ocaso de su vida, el viejo dictador se transmuta una vez más. Se trata, con seguridad, de su transmutación definitiva. Clavetea las ventanas abiertas del pasado y abre de par en par las puertas de su Mausoleo: un elefantiásico edificio destinado a su gloria póstuma.
(…)
Mas ¿cómo ha conseguido mantenerse en pie ese socialismo manifiestamente ineficaz en lo económico y represor en lo político? «Ya viene llegando», cantaba Willy Chirino, un célebre músico cubano de Miami, cuando los países sometidos a los dictados de Moscú se apartaban, uno tras otro, de la práctica totalitaria. Veinte años después, aquella promesa continúa siendo esperanza que corean los demócratas cubanos en Cuba y el exilio, sordos a la evidencia de que el castrismo más que de tránsito tiene color de destino. Sordos por vocación, sordos pareciera que sin remedio. Una sordera que ansían romper con gritos que pocos escuchan.
(…)
Cuba, naturalmente, es mucho más que una mera pieza del museo de la Guerra fría y cuenta con un capital simbólico y, sobre todo, un capital humano capaces de insertarla con provecho en el imaginario, la política y la economía del siglo XXI. Pero la Cuba de Fidel Castro, anotada por Ignacio Ramonet, carece, por vetusta, por monótona, por irreal, de los tonos que los cubanos, en la isla o el exilio, son capaces de ensayar. Y ensayan ya.
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Jorge Ferrer - 13/02/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Me encanta este «Aviso» que tomo prestado a Gaspar, El Lugareño, quien dice haberlo encontrado hoy en su carro. En Miami o alrededores, da a entender.

Esa rúbrica de «EXILIO DOLIDO», así con todas sus mayúsculas, me recordó, vaya usted a saber por qué, a Auxilio y Socorro, aquellos hilarantes personajes de Sarduy.
Pero ése no es el asunto. El asunto es, primero, el peso de ese oxímoron pleonasmo, porque cabe suponer que no hay -valga el oxímoron- «exilios gozosos».
Después, la patrimonialización de la condición de «exiliados».
Por último, las consecuencias ciudadanas de su condición de agraviados.
El «Exilio» está dolido, ay, y decidiría dejar de votar por políticos de origen cubano, en tanto vehículos del dolor y el desaire que le supone ver a un cantante de ideología comunista o pericomunista llenando teatros en la «sede» de ese mismo exilio; teatros, por cierto, llenos de exiliados en tanto ajustados. Por la Ley de Ajuste, digo.
Luego, opta ―opción de los que reparten estas fotocopias paseándose entre los coches aparcados― por decisión tremendista en sociedad multicultural: dejará de votar a candidatos de un origen étnico para votar a candidatos de otro origen étnico. Tremendista x dos: dejará de votar a los «suyos» para votar a otros.
Tres veces sorprendente: el mismo Exilio que ha voceado una y otra vez aquello de que «los americanos nos traicionaron» los va a votar precisamente a ellos. Se supone que a los republicanos, aunque la nota no añade esa distinción de orden político a la distinción por origen étnico.
Así, el «pueblo exiliado» les volvería la espalda a los «representantes políticos» también exiliados, como los que llenan los teatros donde cantan «los enviados de la dictadura de los Castros (sic)».
Tengo para mí que de tan ajustados todos, acabaremos llegando al «ajuste» definitivo: el bastión último del EXILIO DOLIDO, ¡auxilio! y ¡socorro! mediante, exigirá la derogación de la Ley de Ajuste: ni uno más de esos «enviados de Castro» que llenan los teatros y menean las caderas al son de La Habana. «¡Qué se vaya la escoria!» dirá el próximo aviso.
«¡América para los americanos!», exigirán.
Definitivamente, parece que la bachata de la Charanga y Van Van, la ramplona versificación de Buena Fe o el frufrú de los batilongos de Omara Portuondo han tupido a tal punto los oídos del EXILIO DOLIDO que ya no recuerda, parafraseando el nombre de esta página, el tono de la coz.
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