Una lectora me sugiere que este vídeo convertido en un suceso viral en Youtube cerraría con broche de oro las fotografías «imaginarias» que publiqué sobre la visita de James Carter a La Habana. (Una y dos)
Más bien creo que aquí tenemos avance de las imágenes que nos llegarán del venidero VI Congreso del Partido Comunista (único) de Cuba que dará comienzo en unas semanas.
Diríase que hoy nos iremos a dormir con dos buenas noticias para un país abocado a una transición, Cuba —aun cuando ambas estuvieran cantadas, por previamente anunciadas; —aun cuando la transición se parezca a una de esas «modélicas» lo que Bruno a Belcebú.
Pero atiéndase a la feliz acumulación, de camino a la almohada:
Paralelamente, la maquinaria propagandística del castrismo denuncia a nuevos enemigos —los blogueros con Yoani Sánchez a la cabeza—, les cuelga la etiqueta de mercenarios y se ufana de que son pocos y ya Cuba tiene ejército para contrarrestar las mercenarias acciones de este puñadito de inconformes. «Las razones de Cuba», llaman a la serie de videos donde engarzan este. Esos videos son más malos que pegarle a un padre, que se dice, pero es lo que hacen. Y les vale. Les sirve, vaya.
Oh, ¡las razones de Cuba! Ah, ¡esa astucia de la castrista Habana! Esa sublime habilidad para el mimetismo, la ocultación. ¡El embaraje! Sin caudillo y sin presos políticos distinguibles o distinguidos. ¡Paraíso de comu-congresistas a la vista; edén de cuentapropistas a la mano!
Teatralicémoslo, oigan. Que esto es teatro de operaciones. ¿No le llaman ciberguerra?
Escena #1: (Sonido de bocina roto por voz con ñangárico énfasis salida de rutilante altavoz Made in China. Proviene de vehículo parapolicial que recorre las calles): ¡Coge tu cambio aquí, cubano! ¡Tu cambio, aquí, patriota! ¡Pan con lechón a CUC devaluado! ¡Cada cederista es un cuentapropista y cada cuentapropista es un cederista! ¡El poder del pueblo: ese sí es poder!
Escena #2: (Frufrú de cortinas, todo muy tipo salón de los espejos en Versailles —el de la Île-de-France; no el de la Ocho): «Ya no hay presos», dice un cubaministro a variopinta audiencia internacional, «y el Comandante ahora es periodista con sentido del humor. Un cómico en excedencia, vaya. Chico, ¿por qué ustedes no nos miman más?» (Se lleva las manos a los ojos y se los achina) «¡Mírame: soy vietnamita phan-van-dong-ho-chi-minh-le-van-than» (Todos ríen).
Escena #3: (Cenáculo de opositores al castrismo. Caras largas. Las turbas rugen en la calle. Los sitiados esgrimen con desgana nikons y motorolas. Y una voz, de repente): «Caballero, ¿seguro que no podemos convencer a Juana Bacallao para que nos eche una mano?»
¡Las razones de Cuba! ¡Como si todo no se redujera, en realidad, a las raciones de Cuba!
Los geólogos aseguran que en unos cuantos millones de años las dos Américas se habrán reunido. La nueva masa de tierra habrá fagocitado las islas del Caribe y entonces el basurero de La Habana y ese otro basurero que es la única colina que avista –a la izquierda por la US-1– quien baja hacia Key West desde Miami ya se habrán juntado. Unico será entonces el hedor.
Pero antes, muchísimo antes de que transcurran esos millones de años que cuentan los geólogos, gente seria y con los pies –nunca mejor dicho– pegados a la tierra, los cubanos de ambas orillas del Estrecho de la Florida habrán dirimido sus diferencias.
De hecho, parece que las verán resueltas más pronto que tarde y las dirimen ya, aun sin quererlo, porque hay reuniones que se producen solas y recintos que se amplían tabique y tabú abajo, sin que los invitados a la fiesta se percaten de los derrumbes que los colocan cara a cara. Salones en los que de repente estás bailando con el enemigo o besando a la más fea, que dice el lugar común.
No es difícil adivinar el paisaje que se avecina. Sus contornos ya se han ido dibujando en los últimos meses y van ganando color y perfiles cada vez más definidos.
La Cuba que se asoma estos días a la segunda década del siglo XXI será un país desencaramado de los primeros puestos en las listas de las organizaciones de derechos humanos que cuentan los presos de conciencia. Con la salida de las cárceles de buena parte de ellos, se la tendrá como a país menos dictatorial y menos represor a los ojos de quienes evalúan el estado de las libertades. A ello ayudará, no cabe duda, que los últimos inquilinos del corredor de la muerte de La Habana hayan visto revisadas sus sentencias en favor de condenas más benévolas recientemente.
Esa misma Cuba será un país donde regirán leyes que desmontarán el patrimonio absoluto del Estado sobre la economía. Cuba tendrá en marcha un modelo económico –se lo sancionará en el próximo congreso de su único partido– que permitirá márgenes de iniciativa individual que reformularán su paisaje social, en lo interno, y la alejarán del básico esquema del totalitarismo comunista donde el Estado es elefantiásica máquina de la que todos los ciudadanos son meras tuercas.
Un paisito más, pues. O uno que casi pasará por normalizado.
Que el paisaje sea nuevo, que sea distinto, significa apenas eso: que va mutando. No que cese la represión. Tampoco que se produzca un desmontaje de la maquinaria totalitaria. No entraña, en definitiva, que los jerarcas de La Habana se hayan rendido. Algo que a nadie habría de sorprender, porque, bien pensado, ¿a quién se iban a rendir?
Con todo, la cuestión es que el totalitarismo cubano habrá maquillado sus máculas más vistosas –largas decenas de presos de conciencia pudriéndose en las cárceles; la economía estatalizada que estigmatiza cualquier manifestación de la iniciativa individual– y que oposición interna y exilio deberán trazar con lápiz nuevo sus estrategias de enfrentamiento al régimen de La Habana.
Los funcionarios municipales llaman eufemísticamente “gestión de residuos” al acarreo de los desechos que producimos. Toda esa basura que generamos a diario y que, mal administrada, emponzoña por décadas y a veces siglos el entorno.
Ante la mutación del paisaje en esa suerte de municipio del mundo que es Cuba, se impone gestionar los desechos acumulados por más de medio siglo de dictadura y los corrientes. Manejar la escoba, como cualquier otro oficio, requiere de ingenio, maña. También de capacidad de renovación, porque gestionar el futuro pasa sobre todo por aprender a barrer en las recién decoradas calles del presente.