Algunos vuelven a Cuba

- 16/02/12
Categoría: Cambios en Cuba, En El Nuevo Herald, Letra impresa
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Viajes de ida y vuelta

Jorge Ferrer

Un colega regresa de Cuba y me cuenta anécdota jugosa. Acudió a fiesta en casa donde asaban puerco. Al fondo, en el patio, varios invitados se afanaban en torno a la caja china donde la carne comenzaba a dorarse. Una animada discusión dividía a los improvisados cocineros. Mi colega se acercó, a medias generoso, a medias intrigado, a ver en qué podía ayudar. Muy pronto descubrió que poco podía aportar viniendo de Barcelona.

En torno al animal que se asaba en una casa de Marianao, la discusión la protagonizaban dos espadachines. Uno empuñaba botella de mojo comprado en Winn-Dixie; el otro se defendía con botellín de la marca Badia adquirido, aseguraba, en “el Publix ese latino de Hialeah”. Y dirimían, en La Habana, las virtudes de cada uno de esos jugos venidos del Norte para sazonar la carne del pinareño puerquito que yacía, crucificado y sordo, a un palmo del carbón.

La anécdota, con lo suyo de criollo, resulta ilustrativa de un proceso que ha convertido la frontera entre la Florida y Cuba en un muro de una porosidad extraordinaria. Se viaja desde el aeropuerto de Miami con ajustadores y plasmas desajustados, pero también con los sabores y las marcas del supermercado. La Habana y Camagüey, Miami y Hialeah, comparten una misma lengua.

Que los bienes de consumo que ansían en la isla se queden allá no es novedad. Sí lo es que un número escaso, pero creciente, de cubanos que alguna vez se marcharon del país regrese a establecerse en la isla. Que lo hagan con proyectos parejos a los que los hicieron emigrar es una cifra con la que no contábamos antes, pero ahora pide turno en la cola de esa matemática tan sofisticada que es la cubanología. Que lo hagan decepcionados de la vida que imaginaban llevar fuera de las fronteras de Cuba y estén dispuestos a pedir el último en el aeropuerto de Rancho Boyeros para manifestar que vuelven de regreso es consecuencia de la crisis económica que afecta a Occidente y, con especial saña, a los inmigrantes que acudieron a comer del pastel inflado por la levadura del bienestar.

Pero también es anuncio de una Cuba con paisaje distinto al que empujó a muchos a emigrar. Hasta hace bien poco solíamos decir que con tal de abandonar Cuba, los cubanos huían hasta a los rincones más inhóspitos del mundo. Ahora son pocos los que no saben de alguien que haya regresado desde España, México o Miami. O que estudie hacerlo.

A alguno le podrá tentar la idea de que vuelven los perdedores. Que regresan quienes no consiguieron emprender vidas prósperas más allá de las fronteras de la isla. Pero hay elementos que conspiran contra esa opinión, porque son muchos los que vuelven con proyectos profesionales que esperan hacer avanzar en el nuevo marco legal cubano y beneficiarse de oportunidades de negocio que no descubren en los países a los que emigraron.

Hay más. Por ejemplo, que dos de los proyectos contestatarios más interesantes que enfrenta el régimen de La Habana sean obra de sendos retornados. Tanto Generación Y –el blog de Yoani Sánchez– como Estado de Sats –el espacio público independiente que anima Antonio G. Rodiles– se deben a personas que “escaparon” de Cuba y años después volvieron a asentarse en la isla.

Los cubanos no han renunciado a emigrar en busca de un futuro mejor en la Florida, Barcelona o Yucatán. Tampoco estamos ante retornos numerosos como tal vez se produzcan ante una transición hacia la democracia. Pero es evidente que la evolución de lo que alguna vez llamaremos “modelo cubano” está conociendo, aun desde su extenuante parto, una curiosa revolución que es un reto para cierta “idea del exilio”, como también para la manera en que imaginamos la Cuba presente y también la futura.

Este artículo aparece publicado en la edición de hoy, 16/02/2012, del diario El Nuevo Herald.

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Leo azorado que Fidel Castro dice que un robot…

- 10/01/12
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba, Castro & Family
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Leo azorado que Fidel Castro dice que un robot sería un perfecto porque redentor presidente de los Estados Unidos.

Azorado, porque recordé de repente el infausto día en que los japoneses crearon a robot que parece clon de Mariela Castro vestida de sirvienta de su tío.

Si al final, va y la vieja pregunta por la jama se traducirá al inglés en pregunta que se hagan los cubanos por los portales: Do Androids Dream of Electric Sheep?

http://www.youtube.com/watch?v=I2UJxpXRiII
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Pronóstico y deseos para Cuba en 2012 / Dos recomendaciones

- 30/12/11
Categoría: Cambios en Cuba, Literatura
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Hoy hay dos tazas.
Una, donde sirvo las respuestas que di a dos preguntas que me remitió el portal Cubaencuentro y aparecen publicadas hoy allí.
Dos, donde por invitación de Diario de Cuba recomiendo dos libros leídos a lo largo de este año, sugerencias que también aparecen publicadas hoy allí.

Uno:

Respuestas a Cubaencuentro
Jorge Ferrer

¿Cómo auguras que será el año 2012 para Cuba?

“Será, con toda certeza, otro año marcado por los ritmos de Raúl Castro, la extenuante velocidad que anunció al asumir formalmente la presidencia en febrero de 2008 y llamó con calculado encabalgamiento de adverbios: ‘poco a poco’. Si recuperaran la fraseología ‘revolucionaria’ de los 60 o los 70, este año podría llamarse, por ejemplo, ‘Año de la verificación’.

Porque comienza un año en el que comprobar que el diseño gatopardista tira y se estira bien. Estudiosos de las transiciones habidas y peritos en materia de modelos autoritarios de relativo o notable éxito, los jerarcas de La Habana tienen por delante un año que vivirán como doctores en laboratorio. Y no serán ellos los ratones. Al menos, no serán los únicos.

Cuba muta ‘poco a poco’ y en 2012 veremos otras ‘actualizaciones’ del modelo. Mutan su paisaje urbano y la jerga que emplean los transeúntes: el idiolecto totalitario también se adecua a esas mutaciones. Será año en el que arañar con la uña, otra vez, el fondo del barril al que arrojan allá palabras como ‘cuentapropista’ o ‘impuestos’, ‘cooperativa’ o ‘crédito’, ‘emigración’ o ‘nación’. La conferencia del PCC a finales de enero y la visita de Benedicto XVI poco más adelante serán dos momentos importantes para conocer ‘la letra del año’. Si el nombre de Alan Gross protagonizara los eventos colaterales a alguno de esos acontecimientos se podría abrir un panorama inédito en las relaciones con Estados Unidos.

Minuciosamente calculados ‘los cambios’, igualmente minuciosa será la presión sobre la oposición. Vaciadas de presos de conciencia las cárceles, con algunas excepciones, la represión de baja o mediana intensidad crecerá exponencialmente. Garantizar la desconexión entre la sociedad y la oposición será otra vez el objetivo primero de las bien aceitadas herramientas de represión.

Otros dos elementos podrán adquirir centralidad que atente contra el ‘poco a poco’. Por una parte, que el que comienza será también el año de la puesta en marcha a mediana escala de la conexión a Internet por medio del cable tendido desde Venezuela. Limitaciones y filtros aparte, los cubanos han demostrado ser mucho más hábiles burlando al sistema que confrontándolo. El ancho de banda podrá hacer que toque otra banda, la de un flujo más intenso de comunicación entre ciudadanos con intereses y urgencias comunes. Por otra parte, el que viene será otro año marcado por la biología. No puede ser de otra manera en país regido por viejos. Muy viejos. La muerte o la inhabilitación de algún otro jerarca podrán ser noticia —o notición— en La Habana. Grandes noticias que remuevan los suelos con fuerza que imprima aceleración —acaso demoledora— a la dinámica del ‘poco a poco’”.

¿Cuáles son tus deseos para la Cuba de 2012?

“Muy básicos y arrastrados desde hace mucho como nos sucede a muchos demócratas cubanos. A saber, asistir al final de la dictadura y ver cómo los cubanos adquieren por fin el poder para dotarse de instituciones que los representen porque estén integradas por sectores amplios y distintos de la nación.

En términos acaso más proclives a verse realizados, cabe desear que sea un año en el que aumente el poder de quienes podrían forzar al Gobierno a acelerar la implementación de reformas económicas profundas capaces de conducir a reformas de los mecanismos de participación política. También que los nuevos actores cobren conciencia cuanto antes de ese poder y de su valor como herramienta de cambio. Al perder su condición de único patrón, el Estado cubano se enfrentará a una realidad nueva, la de largos centenares de miles de ciudadanos que consiguen elevadas cotas de independencia en su vida personal y económica al convertirse en trabajadores por cuenta propia. Estos —y sus familiares y sus asalariados— se irán constituyendo en una masa social dotada de un importante poder de cambio. Otros amplios sectores de la población se verán desprovistos de subsidios y asistirán impotentes a transformaciones del modelo económico que los empobrecerán aún más sobre el fondo de un paisaje de desigualdades crecientes y cada vez más manifiestas. La maduración de ese cocktail social generará presiones a dos bandas sobre las más variadas instituciones del Estado cubano.

Cabe saber leerlas y aprovecharlas. Luego, cabe desear que la oposición al régimen de La Habana consiga ofrecer discursos que describan con precisión el mudable paisaje socioeconómico de Cuba y ofrezcan alternativas capaces de granjearse las simpatías, y el respeto, de amplios grupos de cubanos, en especial los nuevos actores sociales”.

 

 

Dos:

Recomendaciones de libros para Diario de Cuba

Jorge Ferrer

The Havana Habit (Yale University Press, 2010) de Gustavo Pérez Firmat y Cuban Fiestas (Yale University Press, 2010) de Roberto González Echevarría

Esa fiesta con muchos rostros que es la Cuba que leemos y escribimos, la Cuba hecha de letras. Bembé y paisaje hecho de ruinas; de memoria y promesa. Dos libros me la han servido este año en sendos banquetes: Cuban Fiestas, de Roberto González Echevarría, y The Havana Habit, de Gustavo Pérez Firmat. Libros bien distintos, pero animados ambos por una voluntad de reunirnos con la Cuba que asoma en la novela, la melodía, la tarjeta postal, el cartel: hitos de nuestro tránsito del areíto al cabaré.

La historia de amor y deseo entre Cuba y los Estados Unidos, los Estados Unidos y Cuba, transcurre por muchas vías y ha sido protagonizada por actores disímiles. Toda suerte de informes dan fe de ese perdurable noviazgo que jamás ha llegado a ser matrimonio —ni siquiera uno mal avenido—, porque los novios, por no mirarse de frente, se ofrecen hosco perfil. Ese es el camino de la política. El más angosto.

Gustavo Pérez Firmat ha tomado avenida distinta en The Havana Habit. Una que conduce por los caminos de la cultura popular y desgrana la “construcción” de una siempre voluble idea de La Habana en la música, las crónicas de viajes, el cine o la televisión norteamericanas. No hay otro autor cubano-americano que se haya adentrado con mayor astucia —¡y acierto!— en la espesa y deliciosa trama de ese encuentro siempre postergado en lo político, pero también siempre fecundo en el terreno de la cultura popular y el imaginario común. Tampoco lo hay que ilumine con mayor abundancia el permanente passage de símbolos y tokens que se han repartido Cuba y los Estados Unidos.

Otro es el acercamiento de Roberto González Echevarría en Cuban Fiestas. Asomarse a la Cuba que es tableau vivant de una fiesta perpetua; escuchar el sonido de los tambores y los pies aporreando el suelo o deslizándose al ritmo de un danzón; seguir un paso de conga con barracón a la vista y Día de Reyes a la vuelta de la esquina; rastrear la impronta de la fiesta, la significación lúdica, dramática e identitaria de las fiestas cubanas, en la literatura de la Isla —los costumbristas, Villaverde o Lezama—, o en su cine y, también, en su pasión por el juego de la pelota. Y glosar, por fin, la fiesta totalitaria, mientras se imagina la postotalitaria: el “Siento un bombo, mamita, me está llamando” que late a la espera de la muerte de Fidel Castro…

Dos libros redondos. Que a nadie se le ocurra pasarlos por alto.

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