Hacía mucho, sin embargo, que no me tocaba encontrarme con algo como lo que sigue: una versión en «clave cubana» de Noche oscura (Tiómnaya Noch), una de las canciones más arraigadas en la memoria de los rusos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial o la padecieron.
Aparecida originalmente en Dos soldados, de Leonid Lukov, película rodada en medio de la guerra, ahora Leonid Agutin, a quien recordarán cantando en La Habana en enero pasado, y el cubano Orlando Valle, «Maraca», le han adosado flauta y modificado la letra, cantan a medias en ruso y español, en busca de movimientos de caderas.
El resultado me parece espeluznante. (Tal vez no se lo parezca a todos ustedes, pero no apostaría por eso.)
Con todo, aquí lo comparto: es música escrita por cubanos y rusos sobre el pentagrama del poscomunismo.
Leo con atención los testimonios sobre Guillermo Cabrera Infante que trae La Gaceta de Cuba (pp. 36-40). Son tres, como los tristes tigres.
Sonso y pico y picúo el de Enrique Pineda Barnet (por no interesar, el pasado de EPB no interesa ni a EPB); atendible el de Pablo Armando Fernández; notable, por infrecuente, el de Marta Calvo, la primera mujer de GCI.
Reparo en las referencias de ambos últimos a las cartas de Cabrera Infante escritas a sus corresponsales en La Habana hasta el desenlace del Caso Padilla. Podrían ser documentos muy interesantes sobre la biografía intelectual de Caín.
Esto es lo que dicen los entrevistados:
Pablo Armando Fernández
«Cuando regresé a Cuba en 1965, no me dieron empleo. Por eso, Guillermito insistía mandándome cartas en las que me decía: “Te estamos esperando en Londres”. No las conservo, porque hubo un momento muy difícil en este país en el año 1971, cuando detuvieron a Padilla, y yo me deshice de todas. Nosotros estuvimos décadas totalmente abandonados. Yo pasé catorce años sin publicar un libro, trece sin pasaporte.»
Marta Calvo
«Una vez cierta profesora me dijo: “¿Tú sabes que te estás escribiendo con un agente de la CIA?” Le contesté que no sabía si Guillermito era agente de la CIA o no, que lo que sí sabía era que se trataba del padre de mis hijas y que tenía que escribirle para saber cómo estaban ellas. Ahora yo tendría muchísimas cartas, sentí miedo y las rompí todas.»
Y no me sorprende, ni a nadie: era previsible que esas cartas hubieran sido destruidas por miedo a la policía política castrista.
Lo que no deja de maravillarme es el hábito que han adquirido a lo largo del último quinquenio tantas víctimas de la represión de los sesenta y setenta para hablar del castrismo en pasado. Del miedo, en pretérito. De la represión, como quien manosea las cuitas de Juan Clemente Zenea.
La manera en que aluden abierta o veladamente a un parteaguas. La manera, lo peor, en que ese presunto parteaguas asociado a un Abel Prieto / Moisés baldará las memorias que algunos, cabe suponer, escriben y engavetan.
Y que leeremos, claro, si es que no les llega el momento de incinerarlas como aquellas cartas, que el show, aunque pretendan ignorarlo, no ha acabado. La lucha por la memoria es su última batalla.
Alejandra Salinas y Aeron Bergman ―artistas nacidos en España, ella; en EE.UU., él― urdieron este magnífico vídeo sobre la noción de «revolución» en 2006.
El título se lo tomaron prestado a Mao Zedong. El color, el rojo, a la paleta comunista. La fuente fue Google que rasparon en busca de las imágenes que devolvía la búsqueda por la palabra «Revolution».
Lo que sigue ―salto mediante― fue lo que encontraron.