Una ciudad descalza

- 28/05/10
Categoría: Urbanas | Etiquetas:
Imprimir Imprimir


He contado cinco zapatos abandonados en la calle esta noche, paseando a Bruno. Apenas dos hacían el par.

No los habría notado, probablemente, pero a los perros les gustan los zapatos como a cierta cónsul ahora célebre morder. Sniff, grrr…

Ay, los perros. Cosa de instinto. Dónde mear y dónde mear y dónde mear.

zapatos-abandonados

La ciudad vacía, una ligera llovizna, un reggaetón bajando desde un entresuelo que ya se me va haciendo molesto, noche a noche. ¡Imagínense a quien viva en el Primero al que sirve de pedestal! Y Bruno entretenido con zapatos ajenos y viejos.

Alguna vez he contado mi encuentro con un tipo que agonizaba a cincuenta metros del MACBA. Tal vez en ETDLV, no sé bien. La horrorosa circunstancia de ver morir a un hombre, los esputos de sangre del tamaño de los labios, en la calle de una ciudad próspera y, diríase que, pacífica, pacificada. Hoy lo recordé, a aquel hombre que vi morir, a la vista de tanto zapato menesteroso de pie que lo calzara. Aun cuando sé que no saldré a la calle mañana a encontrar a los tullidos, los amputados, que los han hecho prescindibles.

No vivo en una ciudad en guerra. Vivo en un barrio donde los jueves, las noches de los jueves, son el día y las horas de sacar de casa aquello que ya no nos sirve.

Los zapatos con que la hollábamos hasta ayer, por ejemplo.

Una ciudad de mierda, Barcelona, o una ciudad estupenda, Barcelona, ¿quién lo sabe?

Lo sabrán, si acaso, los zapatos de la ciudad descalza.

© www.eltonodelavoz.com

Otro 20 de mayo para Cuba

- 20/05/10
Categoría: Memoria | Etiquetas:
Imprimir Imprimir


izada-bandera-cubana-el-20-de-mayo-de-1902

Ciento siete ocho años desde el 20 de mayo de 1902. ¡Tremenda fiesta! ¡Viva Cuba libre!

¿Cuántas veces hemos sido felices desde entonces, sin embargo? Felices en tanto nación, quiero decir, que los individuos podemos ser felices, o no serlo, siempre.

Bueno, lo fuimos aquel día de la inauguración republicana. Por ahí andan las crónicas. ¡Qué dichosos los cubanitos aquel día!

Todos dudaban de la posibilidad de enrumbar el país sin los americanos, pero gozaban de lo lindo. «Cuba será la Suiza de América», dicen que dijo Estrada Palma. «Pero ¿dónde están los suizos?», le preguntaron. Y pasaba la conga.

Fuimos felices más tarde cuando la Danza de los Millones. Bueno, lo fueron unos cuantos. Duró poco y acabó a tiros de brevísima trayectoria.

Fuimos felices cuando se fue Machado. Pero la felicidad dura poco en casa del pobre.

Lo fuimos con la Constituyente de 1940. Europa estaba en guerra. La civilización occidental amenazaba hundirse y los hornos crematorios trabajaban estaban a punto de comenzar a trabajar a toda marcha. Pero los cubiches, ay, a proclamar constitución requetemoderna. Listos que éramos. Listos que estábamos. ¡Pa’ lo que nos valió!

¡Apoteosis de la felicidad, la década de los cincuenta! Terrorismo, crímenes de estado, guerrilla, pero, oye, los cubanos todavía añoran aquellos años de carritos nuevos, el “Sans Souci” y el túnel horadado por la Societé des Grands Travaux de Marseille (Marsella no era una ciudad del Magreb como hoy, entonces.) ¡Chapurreaban el francés aquellos indígenas!

Y aún estaba por llegar la felicidad suprema: ¡la rRevolución! Ay, mamita, ¡no cabían en sí de gozo los cubanos! La Oda a la alegría es baladita tristona al lado de la guitarra de Carlos Puebla. Felices como perros con correa nueva estaban los cubanos. ¡Al fin serían grandes entre los grandes, amenaza de guerra nuclear incluida! «El que tenga miedo que se compre un perro», decían. Perro no come perro, pero llamaba a comprarlo.

Hace poco cosa de un año leí a uno  tipo que glosaba su felicidad en los años ochenta, con castrismo a pulso. Las cebollas de Albania, el coñac de Armenia y el pollo a la jardinera de Bulgaria. ¡El tipo los echaba de menos! «¡Qué felices éramos!», aseguraba.

Y fuimos felices por fin cuando Carlos Valenciaga nos dijo en agosto del 2006 que su jefe defecaba por el costado. ¡Felicísimos! ¡El paraíso estaba a la vuelta de la esquina! ¡Faltaba nada, un dedito!

Pero aquí Aquí estamos.

Los exiliados, exiliados. A Ángel Santiesteban, quien escribe un blog en este mismo portal, le rompieron un brazo ayer en La Habana por escribir en la prensa libre. Los que no, en lo mismo.

107 108 años desde el 20 de mayo de 1902.

¿Lo celebro? De hacerlo, ¿por qué coño brindo, oye? ¿Por la patria? ¿Por Cuba o por la madre de los tomates?

Ilustración: Bandera cubana izada en La Habana el 20 de mayo de 1902.

Shin-Divider

De contra (a la ilustración):

Antes se arrió la bandera norteamericana, claro:

bandera-norteamericana-arriada-en-la-republica-de-cuba-20-de-mayo

Shin-Divider

De recontra:

Este post apareció en ETDLV el 20 de mayo pasado.

¿A qué escribir otro cuando este basta?, me he dicho.

Las actualizaciones, mínimas, están a la vista.

© www.eltonodelavoz.com

Castro, Jruschov y Lincoln: fotos de la Guerra fría

- 17/05/10
Categoría: Arte, Memoria | Etiquetas:
Imprimir Imprimir


Son dos fotos de comunistas ―uno de ellos aún usufructuaba el prefijo «cripto-»― ante marmóreo Abraham Lincoln. Dos magníficas instantáneas de la Guerra fría. Extraordinarias ambas.

La Guerra fría, fría por eso, fue guerra de discursos, gestos y escaramuzas ―aunque algunas de las últimas dejaran muertos regados. Unos cuantos miles. Decenas de miles. Acaso cientos de miles.

Una fotografía, la de Fidel Castro, se la debemos a Alberto Korda. El fotógrafo dejó dicho que desde que Fidel la vio ya no llamó más a sus jefes para solicitar sus servicios. Le gustó tanto y tanto le gustó, que a partir de ahí lo llamaba siempre directamente. Le valió ―aunque él lo negara― la categoría de fotógrafo oficial. Korda tituló la foto «David y Goliat». Le estaba dando nombre, sin quererlo, a babosada de medio siglo y más.

fidel-castro-lincoln-memorial

La segunda fue fruto de la casualidad, como tantas buenas fotografías cruciales. Burt Glinn ha contado que llegó tarde al set y tuvo que contentarse con las espaldas de Nikita Jruschov. ¡Bendito retraso! El tosco campesino que redimió de la esclavitud a millones de esclavos de Stalin mira al abolicionista por antonomasia. ¿Qué importan sus ojos cuando ese iluminado occipital -¡flash!- sobre nuca de aparatchik lo dice todo?

khrushchev-jruschov-lincoln-memorial

Sendos momentos fijados en imágenes que ahora nos parecen de otro mundo. Porque fotografiar, por aquel entonces, era fijar de veras y fijar lo de veras relevante. Así estos dos episodios apenas protocolares que sendas lentes elevaron a categoría suprema.

Ambas fotografías fueron tomadas en 1959. Cuatro años más tarde allí mismo, dónde si no, pronunció Martin Luther King su célebre «I have a dream».

Korda y Glinn fueron los fotógrafos del año en lo que a Cuba se refiere, aunque el último se vio privado de darle a Magnum lo que Korda le dio a la historia.

Pero Burt Glinn nos legó la que probablemente sea la galería más completa del pathos revolucionario. ¡Véasela!

Encima, nos ha contado esa historia terrible a la vez que banal:

Shin-Divider

De contra:

A quien no le funcione el embed de Magnum -trabajo me ha costado insertarlo y aun así me corre a veces y a veces no- acuda al original aquí.

© www.eltonodelavoz.com