Diríase que hoy nos iremos a dormir con dos buenas noticias para un país abocado a una transición, Cuba —aun cuando ambas estuvieran cantadas, por previamente anunciadas; —aun cuando la transición se parezca a una de esas «modélicas» lo que Bruno a Belcebú.
Pero atiéndase a la feliz acumulación, de camino a la almohada:
Paralelamente, la maquinaria propagandística del castrismo denuncia a nuevos enemigos —los blogueros con Yoani Sánchez a la cabeza—, les cuelga la etiqueta de mercenarios y se ufana de que son pocos y ya Cuba tiene ejército para contrarrestar las mercenarias acciones de este puñadito de inconformes. «Las razones de Cuba», llaman a la serie de videos donde engarzan este. Esos videos son más malos que pegarle a un padre, que se dice, pero es lo que hacen. Y les vale. Les sirve, vaya.
Oh, ¡las razones de Cuba! Ah, ¡esa astucia de la castrista Habana! Esa sublime habilidad para el mimetismo, la ocultación. ¡El embaraje! Sin caudillo y sin presos políticos distinguibles o distinguidos. ¡Paraíso de comu-congresistas a la vista; edén de cuentapropistas a la mano!
Teatralicémoslo, oigan. Que esto es teatro de operaciones. ¿No le llaman ciberguerra?
Escena #1: (Sonido de bocina roto por voz con ñangárico énfasis salida de rutilante altavoz Made in China. Proviene de vehículo parapolicial que recorre las calles): ¡Coge tu cambio aquí, cubano! ¡Tu cambio, aquí, patriota! ¡Pan con lechón a CUC devaluado! ¡Cada cederista es un cuentapropista y cada cuentapropista es un cederista! ¡El poder del pueblo: ese sí es poder!
Escena #2: (Frufrú de cortinas, todo muy tipo salón de los espejos en Versailles —el de la Île-de-France; no el de la Ocho): «Ya no hay presos», dice un cubaministro a variopinta audiencia internacional, «y el Comandante ahora es periodista con sentido del humor. Un cómico en excedencia, vaya. Chico, ¿por qué ustedes no nos miman más?» (Se lleva las manos a los ojos y se los achina) «¡Mírame: soy vietnamita phan-van-dong-ho-chi-minh-le-van-than» (Todos ríen).
Escena #3: (Cenáculo de opositores al castrismo. Caras largas. Las turbas rugen en la calle. Los sitiados esgrimen con desgana nikons y motorolas. Y una voz, de repente): «Caballero, ¿seguro que no podemos convencer a Juana Bacallao para que nos eche una mano?»
¡Las razones de Cuba! ¡Como si todo no se redujera, en realidad, a las raciones de Cuba!
Gustavo Pérez Firmat The Havana Habit
Yale University Press, New Haven & London, 2010, 245 pp.
La historia de amor y deseo entre Cuba y los Estados Unidos, los Estados Unidos y Cuba, transcurre por muchas vías y ha sido protagonizada por actores disímiles. Se la ha contado en novelas y versos y se ha perorado sobre ella desde tribunas. Legión de memorándums dan fe de ese perdurable noviazgo que jamás ha llegado a ser matrimonio —ni siquiera uno mal avenido—, porque los novios, por no mirarse de frente, se ofrecen siempre hosco perfil. Ese es el camino de la política. El más angosto.
Gustavo Pérez Firmat ha tomado avenida distinta en The Havana Habit. Una que conduce por los caminos de la cultura popular y desgrana la «construcción» de una siempre voluble, porque adhocista, idea de La Habana en la música, las crónicas de viajes, el cine o la televisión norteamericanas. No hay otro autor cubano-americano que se haya adentrado con mayor astucia —¡y acierto!— en la espesa y deliciosa trama de ese encuentro siempre postergado en lo político, pero también siempre fecundo en el terreno de la cultura popular y el imaginario común. Tampoco lo hay que ilumine con mayor abundancia el permanente passage de símbolos y tokens que se han repartido Cuba y los Estados Unidos, y Cuba en los Estados Unidos.
Es lectura, créanme, tan gozosa como imprescindible.
The Havana Habit de Gustavo Pérez Firmat en Amazon.
Roberto González Echevarría Cuban Fiestas
Yale University Press, New Haven & London, 2010, 339 pp.
Asomarse a la Cuba que es tableau vivant de una fiesta perpetua; escuchar el sonido de los tambores y los pies aporreando el suelo o deslizándose al ritmo de un danzón; seguir un paso de conga con barracón a la vista y Día de Reyes a la vuelta de la esquina; rastrear la impronta de la fiesta, la significación lúdica, dramática e identitaria de las fiestas cubanas, en la literatura de la isla —los costumbristas, Villaverde o Lezama—, o en su cine y su pasión por el juego de la pelota. Y glosar, por fin, la fiesta totalitaria, mientras se imagina la postotalitaria: el «Siento un bombo, mamita, me está llamando» que late a la espera de la muerte de Fidel Castro…
Roberto González Echevarría se ha hecho un regalo espléndido con este libro magnífico. Un libro sofisticado y escrito con la entrañable espontaneidad que va ganando gracias a sus acercamientos a espacios de la cultura popular —las fiestas; el baseball— que ojalá acerquen su obra a círculos más amplios de lectores. Los que merecen y merece.
El niño que evoca desde dos distancias las fiestas en su natal Sagua la Grande o el académico que eleva la fiesta a categoría de argamasa de una cultura. Debo a los dos el mejor libro que llevo leído en lo que va de marzo.
No se atrevan a pasarlo por alto.
Cuban Fiestas de Roberto González Echevarría en Amazon.
Tómense un respiro, pues, que no habrá descanso en los próximos días…
Eso sí, pegados a la Pelona, absoluta Dominatrix de estas horas.
Sirva este montaje de los chicos de Ultra Culture: 36 momentos de clímax asesino en otras tantas películas de Alfred Hitchcock perfectamente sincronizados. (Recomiendo verlo a pantalla completa…)