Ha salido a la venta esta semana otro libro en el que he trabajado y se publica este año. Se trata de las memorias de un ruso blanco (¡aquí no es pleonasmo!) que luchó en el bando de Franco en la Guerra civil española por entender que era una guerra contra la URSS y la expansión del comunismo en Europa y se alistó después en la División azul, el aporte franquista al bando fascista en la guerra contra la Rusia soviética. Me ha tocado ocuparme de la traducción de esas memorias hasta hoy inéditas.
Las memorias de Vladímir Kovalevski son un documento singular, que Galaxia Gutenberg publica precedido de un prolijo estudio de los profesores Xosé M. Núñez Seixas y Oleg Beyda, grandes especialistas en la División azul. Al interés historiográfico de este hallazgo se suma el valor humano y hasta literario de la historia vivida por el autor de estas memorias durante la campaña de Rusia. En un relato minucioso y descarnado, estas memorias muestran la manera en que un hombre desarraigado vuelve al país a la vez amado, Rusia, y odiado, la URSS, y espantado allí por la miseria moral y la crueldad de los ejércitos fascistas de los que es parte, se reconcilia con su pueblo, si bien no con el régimen soviético: con la gente humilde que después de padecer durante años el terror y la miseria comunistas se ve avasallada y diezmada por los ejércitos invasores. Un camino vital que rebosa de un dolor que Kovalevski trata como un médico sereno y algo cínico.
En definitiva, se trata de una historia personal desgarradora en medio de una historia, la guerra mundial, que partió el siglo en dos. Vale mucho la pena leerla.
Un ruso blanco en la División azul, Xosé M. Núñez Seixas y Oleg Beyda, editores, con traducción de las memorias de Vladímir Kovalevski por Jorge Ferrer, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2019, está a la venta en librerías online y a pie de calle.
Guzel Yájina irrumpió en la literatura rusa con este libro hace cuatro años. Y lo ganó todo con él. Ganó todos los premios literarios y ganó el premio mayor: el público, los lectores. ¡Ese público, el ruso, que ya llega siempre bien leído adonde quiera que lo cite la literatura!
No por gusto, Zuleijá abre los ojos es una novela espléndida, generosa, escrita con una precisión mayúscula que la traducción siguió con esfuerzo; una novela que es uno de los mejores estandartes de lo que la mejor literatura rusa está haciendo en los últimos años, los primeros de este siglo: incorporar la grandeza de la literatura clásica rusa, repasar el terrible siglo XX soviético con la madurez que faltó, con alguna excepción, a los «maduros» escritores de los sesenta a los noventa, crearle un futuro a la literatura rusa que pasme tanto al lector ruso como al lector global.
Zuleijá abre los ojos es uno de los libros que más me ha costado traducir, que más me ha exigido, que más feliz me ha hecho dejar en una versión en español que me complace y les ofrezco con entusiasmo y humildad.
Es, sin duda, el mejor de los libros salidos de mi mesa que les recomendaré este año.
Una novela que no se pueden perder, porque es una historia mayúscula, la de una mujer que se encuentra a sí misma en el desamparo del destierro, en el horror del siglo más feroz. Es un libro sobre el poder, el dolor, el Gulag, el amor, el estalinismo, el Islam, pero sobre todo es un libro sobre lo que puede hacer una mujer, cualquier mujer, a la que reta su tiempo, su tiempo cruel.
Zuleijá abre los ojos se ha traducido ya a una veintena de lenguas y aparece ahora en castellano. La edita Acantilado, la editorial fundada por el gran Jaume Vallcorba, que continúa siendo el máximo pedestal sobre el que se yerguen las literaturas del Este traducidas al español.
¡Léanla, hágannos, a ustedes y a quienes hemos trabajado para que este libro magnífico esté en librerías, el favor!
El suplemento La esfera de papel del diario El Mundo trajo el pasado domingo la entrevista que Arcadi Espada y yo hicimos a Svetlana Aleksiévich en Berlín. De Aleksiévich traduje El fin del «homo sovieticus» (Acantilado, 2016), que se publicó en español coincidiendo con la concesión del Premio Nobel a la autora bielorrusa. La entrevista está centrada en el método de trabajo de Svetlana, su manera de abordar la realidad y la ficción, la verdad y el patchwork. Su generosidad en las más de dos horas de entrevista fue extraordinaria. Hablamos de asuntos de los que no se había hablado antes con ella en una entrevista con esta profundidad, con este alcance.
Naturalmente, la entrevista publicada, aun cuando extensa, no recoge todo lo conversado aquella tarde en el apartamento del barrio de Stegliz, al suroeste de Berlín. Y pensé que los lectores de El Tono de la Voz merecen un Bonus track sobre lo ya publicado y que muchos de ellos leyeron.
Fui al encuentro de Svetlana también por un proyecto teatral en el que trabajo con la actriz Patricia Jacas a partir del monólogo que ella ha llevado al teatro con un personaje del mencionado libro de Aleksiévich, la ejecutiva Alisa (pp. 451-470): «De una soledad muy parecida a la felicidad». Es asunto ese que no recogimos Arcadi y yo en lo que publicamos y se me ocurre que a ustedes les gustará y ojalá ponga también la miel en los labios leer un par de respuestas adicionales donde Svetlana aborda aspectos técnicos de su trabajo en relación, precisamente, con la entrevista a Alisa, una Alisa de la que pronto volveremos a hablar.
La entrevista, tal como se publicó en El Mundo, en cuya portada apareció ese día, sigue ahora. El Bonus track va al final.
Svetlana Aleksiévich: «Matarme haría mucho ruido»
Arcadi Espada – Jorge Ferrer
Publicada en La Esfera de Papel, El Mundo, 9 de diciembre de 2018
Svetlana Aleksiévich está en Berlín. Ha venido al médico. Acaba de llegar al apartamento alquilado donde vivirá una temporada y le pone nerviosa no poder cumplir el rito ruso de recibir con un samovar de té humeante. Máxime teniendo en cuenta que los invitados han traído a la habitación bien caldeada la ráfaga de un frío de perros. Está escribiendo dos libros nuevos. Uno sobre el amor y el otro sobre la muerte. Teme más a lo primero.