Los despachos publicados por Wikileaks van dejando caer perla tras perla sobre el pañuelo de la Internet.
Hay poca materia gruesa, en el sentido de noticias que sobrecojan por su novedad o su capacidad de subvertir la vida política internacional, pero sí infinidad de pequeños detalles que agradezco como lector. Lo de Batman y Robin en Moscú, por ejemplo. La impecable descripción de algunos políticos españoles, otra.
Y hay, digo, muchos pequeños detalles que son la argamasa sobre la que se erige la buena literatura, también la diplomática desde el s. XVIII, al menos. Un capítulo, por cierto, en el que los diplomáticos norteamericanos aprueban con algo más que un notable: son buenos redactores y trabajan… como chinos.
De chinos precisamente trae una de esas perlas mayúsculas el cable publicado hoy, el identificado como 248021 y emitido por la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana. Léanlo íntegro que no tiene desperdicio y parece un chiste de esos de «Van un americano, un francés, un español y un chino…» Trae también, cómo no, la correspondiente letanía de que el régimen se acaba mañana. La misma que se podrá leer en todos los cables salidos de la SINA a lo largo de medio siglo, pero ya les digo: son los pequeños detalles los que hacen memorables estos leaks. (Algo que vale también para la historia sexual de Assange que en clave cubana se archivaría en la carpeta etiquetada como «Mami, te juro que es la puntica na’má»)
Y bien, el chino. ¿Cuánto no hemos hablado sobre Cuba y el modelo chino? Barriles de tinta dedicados al asunto, ¿no es cierto?
Pues léase, léase, lo que dice el chino a sus interlocutores:
«The Chinese complained that the GOC’s insistence on keeping majority control of all joint ventures makes no sense. “No matter whether a foreign business invests $10 million or $100 million, the GOC’s investment will always add up to 51%,” China’s commercial counselor said in visible exasperation. He noted a joint venture to produce high-yield rice that produced a good first harvest but was not sustainable at the GOC-mandated prices.»
¡Exasperado el chino, oigan!
Y aún falta la perla.
«Any discussions around Chinese-style reforms, particularly regarding foreign investment, have been difficult and “a real headache” according to the Chinese.»
«Un veldadelo dolol de cabeza», que sería en chino-cubano.
No sé a ustedes, pero a mí esa frase me tendrá riendo un buen rato.
Y dígase lo que se diga de Wikileaks, aquí acaba de mostrar su utilidad para, al menos, un desesperado funcionario chino. Pekín enviará mañana una cajita de aspirinas a su atribulado vendedor de modelo que no compra el gobierno dirigido por, ¡fíjate tú qué cosa!, quienes los cubanos apodan «La china».
Ayer tropecé con este fragmento de las memorias de Alexander Herzen, uno de los exiliados del pasado, Chateaubriand es otro, que escribieron memorias que también lo son sobre la condición del exilio. Las de Herzen fueron escritas hace 150 años.
He querido compartir con ustedes estos párrafos traducidos con prisa que los puristas, ojalá, me perdonarán.
¿Quién sabe? Va y a alguno le aprovecha…
En alguna ocasión, víctima de un acceso de ira o de amarga risa, concebí la idea de escribir un panfleto titulado «Les réfugiés peints par eux-mêmes», a la manera de las ilustraciones de Grandville. Hoy me alegro de haberme abstenido de hacerlo. Porque ahora veo este asunto en forma más serena. Me río menos. Y menos me asquea. Por otra parte, lo cierto es que el exilio dura ya demasiado y pesa mucho más sobre la gente…
Con todo, todavía hoy debo decir que los exilios emprendidos sin un objetivo preciso y más bien como consecuencia de la victoria de una fuerza opositora cortocircuitan el desarrollo de los hombres y los apartan de toda actividad viva para empujarlos al reino de la fantasía. Salidos de la patria con rabia en el pecho y la permanente convicción en el regreso inmediato a ella, los exiliados no avanzan, sino que regresan al pasado una y otra vez; la esperanza concebida en el regreso les impide asentar las ideas y emprender una obra duradera; la irritación y las encendidas disputas entre ellos les impiden escapar de un reducido número de cuestiones por resolver, ideas y recuerdos, que conforman un opresivo yugo que los aherroja. A los hombres, y particularmente a los que padecen situaciones extraordinarias, los suele dominar una pasión por el formalismo, por un pensamiento de índole fabril, una superficialidad en el desempeño de sus profesiones, que hace que adopten de inmediato un aire de encierro y los domine un afán doctrinario.
Enajenados del entorno natural al que pertenecían, todos los exiliados cierran los ojos a las amargas verdades y prefieren habitar los predios de un círculo cerrado y fantástico que se alimenta de recuerdos inertes y esperanzas irrealizables. Si a eso añadimos la manera en que se apartan de quienes no son exiliados como ellos y un elemento de exasperación, sospecha, excepcionalidad y celo, resulta evidente que a este nuevo y tozudo Israel no hay quien lo entienda.
Alexander Herzen, Obras escogidas (Volumen 4), Terra, Moscú, 2009, p. 289 (En ruso.)
¡Mira que del Malecón se han dicho cosas! ¡Mira que las cámaras lo han mimado! ¡Lo han sobado más que los culos ociosos de los habaneros (y los culos de sus botellas, claro)! No hay documental sobre La Habana ruinosa —en lo moral o lo material— que no haya ido allí a buscar pelucas, ni «emotivo» relato de nuestras cuitas que se abstenga de travelling por el desconchado muro que da al agua.
Y esta mañana: ¡toma! Lo que faltaba: El Malecón con cabezas cortadas rodando sobre la acera.
Ya antes los teasers que avanzaba la productora me produjeron cierta desazón. Muestran que lo que traerá es menos prometedor que buscar las luces de Key West sentado en el célebre muro.
Véanse:
Teaser Nº 1
Teaser Nº2
Pero esa fotografía primera rebaja la cosa a sima insondable.
Salvo, claro, que película tan dudosamente divertida brinde cameo en escenita crucial o incluso marginal a aquella figura que Eugenio Merino sacó a pasear en ARCO hace un par de entregas.