Las memorias de Orlando Bosch

- 12/01/11
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He terminado la lectura de las memorias de Orlando Bosch: Los años que he vivido (Miami: New Press, 2010, 342 pp). Unas 150 páginas de texto, más abundante material sacado de las hemerotecas y el archivo fotográfico del autor.

Por extremas que sean las pasiones que despierte Orlando Bosch en valedores y detractores, su vida es una que merecía ser leída.

Activista estudiantil en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), dirigente del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Santa Clara, responsable de decisivos envíos de armas a Cuba desde Miami para las tropas de Fidel Castro, temprano organizador de la resistencia contra el régimen comunista instaurado en la isla por el propio Castro, protagonista crucial del inicio del movimiento guerrillero en el Escambray, organizador de campos de entrenamiento de exiliados cubanos en la Florida, responsable de operaciones militares contra intereses de la Cuba revolucionaria y de una amplia nómina de sabotajes dentro y fuera de Cuba, preso en varias ocasiones por su lucha anticastrista, entre ellas por la presunta autoría intelectual (junto a Luis Posada Carriles) del atentado al avión de Cubana de Aviación que se saldó con la muerte de 73 personas en 1976, etc., etc., Orlando Bosch es una figura atendible de los últimos sesenta años de la historia de Cuba.

«Luchador por la libertad» o «terrorista», según se le apliquen unos u otros baremos, el hecho es incontestable: Orlando Bosch contó –y contó bastante— en esa historia y valía la pena que la contara —y la contara bien— en sus memorias.

No ha habido suerte. Y no sé exactamente qué falló. Si la directora editorial Nancy Pérez Crespo o una idea errónea, por pobre, del noble género que se ocupa de contar los años que se han vivido, como reza el título.

Libro soso, prosa intransitable, lagunas o hiatos imperdonables, polémicas de nulo interés, regodeos absurdos, escenitas envueltas en celofán.

Uno siente que hay libro, porque hay hombre transitando por la historia, pero termina por no ver ni libro ni hombre ni historia.

Una lástima, oigan. No son muchos los cubanos que han dedicado toda la vida a la lucha contra las últimas dictaduras cubanas. La del dictador Batista —así lo llama Bosch que sabe de lo que habla— y la del dictador Castro.

Tampoco son muchos los que han decidido enfrentar a ambos regímenes con las armas, con la violencia. Violencia contra violencia. Ojo por ojo, aunque desde el exilio anduvieran tuertos de medios contra uno y, sobre todo, contra el otro.

Y sea cual sea la opinión de cada cual sobre tales empeños, y aun cuando se trate de una radicalmente contraria a esos afanes, todos deben leer esa historia. Conocerla. La de los que se concibieron vencidos como pueblo y no se quisieron dar por vencidos como hombres. Y eligieron el camino del gatillo y la pólvora.

Que el resultado de este empeño editorial sea calamitoso no hace justicia a los lectores. Tampoco a Orlando Bosch.

UPDATE:

Un lector me pregunta dónde comprar el libro.

Dónde puedo comprar el libro de orlando bosh dime si lo puedo ordenar online o lo tienes en pdf un abrazo

Antes de publicar el post llamé a Librería Impacto, la única referencia que me aparecía con existencias. Nadie respondió al teléfono y preferí no anotarlo, porque su site en Internet tampoco respondía. Vuelvo a llamar ahora y la amable librera me confirma que disponen de ejemplares del libro, cuyo precio “oscila entre los $20 y $25 y tal vez menos”.

Aquí los datos de Librería Impacto.

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A William Kristol le gusta (mucho) Marco Rubio

- 07/01/11
Categoría: Excepcionalidad, Exilio | Etiquetas:
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William Kristol ha colocado esta tarde un brevísimo post en el blog de Weekly Standard que podrá traer cola.

Prístino, diáfano y contundente un Kristol que es más influyente de lo que parece y ya lo parece con creces:

Having just returned from the e21 and Manhattan Institute-sponsored Conversation with Paul Ryan (very ably conducted by Paul Gigot)–and having seen Marco Rubio speak recently as well, I’ll just say this: Wouldn’t it be easier just to agree now on a Ryan-Rubio ticket, and save everyone an awful lot of time, effort, and money over the next year and a half?

Es pronto para saber cómo las elites del GOP rebasarán la crisis de liderazgo que padecen y deglutirán al Tea Party. Como pronto es para saber qué será de Barack Obama si se presentara, que lo hará, a un segundo mandato.

Pronto es también para calibrar si el cubano-americano Marco Rubio desarrollará un discurso político capaz de llevarlo a la Casa Blanca en un plazo que difícilmente será el de 2012, pero podría estar en la década que comenzó hace unos días.

Lo que me divierte, ahora mismo ya, es imaginar a ese hijo de cubanos aspirando a las riendas del poder de los Estados Unidos de América, aun cuando vaya de segundo en el ticket. Ya no digo si se aupara a la silla de vicepresidente o ganara el Despacho Oval.

Ay, mamá, ¿quién nos aguantará entonces a los cubiches, tan ufanos de nuestra excepcionalidad como pueblo?

Y sobre todo: ¿qué estrategias retóricas desarrollaremos para explicar que siendo tan grandes y requetegrandes no hemos sabido siquiera derrocar a dos hermanos que ya suman 52 años al frente de la finca?

¡Será de alquilar balcones!

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El sabor de la cubanología

- 04/01/11
Categoría: Exilio, Transición | Etiquetas:
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En los últimos diez días me he visto unas siete veces sentado en torno a mesas en las que se me ha preguntado qué perspectivas le veo a la situación de Cuba en el año que comienza.

La he expresado. Y casi juraría que cada vez en idénticos términos.

¡Ay, pero ese «casi»! ¡Ese adverbio que echa al traste toda ciencia sobre el asunto, aunque sea ciencia tan dudosa como la astrología aplicada al castrismo!

Convendría estudiar cómo influye la ingesta de ciertas comidas en nuestras bien provistas mesas del exilio cuando de dedicarle la sobremesa al régimen se trata.

¿Se ve igual desde aquí la Cuba de 2011 tras espalda de cordero al romesco, pierna de cerdo asada o salmón marinado sobre lecho de canónigos y escoltado por alcaparras y arbequinas?

¿Se la ve lo mismo entretenido el paladar con caldos de la Ribera del Duero, el Priorat o la Borgoña?

La niebla de la distancia afecta, ya se sabe. Pero ¿y los vapores del gusto?

¡Decidido!: esta noche me voy a la cama con Brillat-Savarin a ver qué se raspa ahí para cubanólogos.

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