Jorge Ferrer - 13/12/10
Categoría: Israel | Etiquetas: Libros
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El mes corriente no será uno fácil para el autor de este blog, si alguno lo fue.
Acaba año y se cierran plazos que uno ha firmado y debe atender. Esas atenciones son las que pagan las facturas, y un servidor, ay, no pertenece a la clase ociosa. A finales de cada año, pertenece más bien a la clase estresada…
Comparto pues, y probablemente lo vuelva a hacer en los días que siguen, minucias del trabajo corriente. Así, la traducción de esta carta que recibió un judío berlinés cuando lo enviaban a la muerte en Letonia. Año 1942. De más está decir que llegados a su destino, los destinatarios de estas cartas recibían tiro en la nuca y alojamiento en fosa común.
Repárese en la cortesía que se gastan las dictaduras, esas perras tan bien alimentadas…
Berlín, 4to. Distrito, 11 de enero de 1942
A la atención del Sr. Albert Israel Unger y Sra.
Por disposición de las autoridades, vuestra salida está prevista para el 19 de enero de 1942. Dicha disposición lo abarca a Ud., a su señora y a todos los miembros solteros de su núcleo familiar incluidos en vuestra declaración de bienes.
A mediodía del 17 de enero de 1942 vuestro domicilio será sellado por la autoridad competente. Por lo tanto, a esa hora Usted deberá tener listo para el viaje tanto su equipaje mayor como su equipaje de mano. Usted deberá entregar al funcionario encargado del caso las llaves de vuestro domicilio y, si procede, las de las habitaciones de este. Seguidamente, el funcionario lo acompañará a la comisaría de policía que corresponda a su dirección de residencia, llevando Usted consigo tanto el equipaje mayor como el de mano. El equipaje mayor quedará en la comisaría, desde donde nuestro servicio de equipajes lo llevará en camiones destinados al efecto al punto de concentración sito en el Nº 7/8 de la calle Lowetzov.
Una vez entregado el equipaje mayor en la comisaría, Usted se dirigirá, portando consigo el equipaje de mano, hasta el punto de concentración sito en la sinagoga de la calle Lowetzov (utilice la entrada habilitada en la calle Jagow). Podrá desplazarse hasta allí utilizando los medios habituales de transporte.
Mientras permanezca en el punto de concentración, así como durante el traslado en ferrocarril, vuestra manutención correrá por nuestra cuenta. No obstante, no estaría de más que lleve consigo en su equipaje de mano las provisiones que guarde en casa, especialmente las que le permitan garantizar, al menos, una cena.
Tanto en el punto de concentración como durante el viaje se le prestarán servicios médicos y se le proveerá de alimentos.
En folio anexo encontrará instrucciones adicionales, a modo de recordatorio, que le resultarán de utilidad.
Lo instamos a atender esas instrucciones con el máximo celo y a prepararse para el viaje con serenidad y, a la vez, con responsabilidad.
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Jorge Ferrer - 09/12/10
Categoría: Exilio | Etiquetas: Libros
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Ayer tropecé con este fragmento de las memorias de Alexander Herzen, uno de los exiliados del pasado, Chateaubriand es otro, que escribieron memorias que también lo son sobre la condición del exilio. Las de Herzen fueron escritas hace 150 años.
He querido compartir con ustedes estos párrafos traducidos con prisa que los puristas, ojalá, me perdonarán.
¿Quién sabe? Va y a alguno le aprovecha…
En alguna ocasión, víctima de un acceso de ira o de amarga risa, concebí la idea de escribir un panfleto titulado «Les réfugiés peints par eux-mêmes», a la manera de las ilustraciones de Grandville. Hoy me alegro de haberme abstenido de hacerlo. Porque ahora veo este asunto en forma más serena. Me río menos. Y menos me asquea. Por otra parte, lo cierto es que el exilio dura ya demasiado y pesa mucho más sobre la gente…
Con todo, todavía hoy debo decir que los exilios emprendidos sin un objetivo preciso y más bien como consecuencia de la victoria de una fuerza opositora cortocircuitan el desarrollo de los hombres y los apartan de toda actividad viva para empujarlos al reino de la fantasía. Salidos de la patria con rabia en el pecho y la permanente convicción en el regreso inmediato a ella, los exiliados no avanzan, sino que regresan al pasado una y otra vez; la esperanza concebida en el regreso les impide asentar las ideas y emprender una obra duradera; la irritación y las encendidas disputas entre ellos les impiden escapar de un reducido número de cuestiones por resolver, ideas y recuerdos, que conforman un opresivo yugo que los aherroja. A los hombres, y particularmente a los que padecen situaciones extraordinarias, los suele dominar una pasión por el formalismo, por un pensamiento de índole fabril, una superficialidad en el desempeño de sus profesiones, que hace que adopten de inmediato un aire de encierro y los domine un afán doctrinario.
Enajenados del entorno natural al que pertenecían, todos los exiliados cierran los ojos a las amargas verdades y prefieren habitar los predios de un círculo cerrado y fantástico que se alimenta de recuerdos inertes y esperanzas irrealizables. Si a eso añadimos la manera en que se apartan de quienes no son exiliados como ellos y un elemento de exasperación, sospecha, excepcionalidad y celo, resulta evidente que a este nuevo y tozudo Israel no hay quien lo entienda.
Alexander Herzen, Obras escogidas (Volumen 4), Terra, Moscú, 2009, p. 289 (En ruso.)
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Jorge Ferrer - 14/10/10
Categoría: Libros, Poscomunismo | Etiquetas: Libros
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The Future of Nostalgia
Svetlana Boym
Pocos libros más completos si se trata de pensar la nostalgia como categoría que define la condición del exilio y los azares del hombre poscomunista. Boym, rusa de nacimiento y exiliada en 1980, ha conseguido reunir los fragmentos dispersos de la memoria de la emigración rusa y confrontarlos con un país que entró a la década de los noventa como niño con juguete nuevo, pero roto. Un libro de veras magnífico.
Me regaló, por cierto, una nueva pista cubana de Joseph Brodsky: el célebre armario que dividía La habitación que compartía con sus padres en (el entonces) Leningrado estaba coronado por, entre pocas otras, una botella de Havana Club.
A Distant Mirror. The Calamitous 14th Century
Barbara W. Tuchman
Prefiero a la Barbara W. Tuchman de La torre del orgullo o Los cañones de agosto. Su retrato de la Europa que se enfrentaba al horror de la primera guerra mundial trazado con paciencia y precisión de notario es sencillamente inigualable. En cambio, la incursión de Tuchman en el Medioevo no me ha entusiasmado demasiado. Si su Europa del siglo XX es retrato vivo e hiperrealista, su manoseo con el pasado medieval tiene algo de caricatura.
Let me go (Lasciame andare, madre)
Helga Schneider
Adelphi publicó en 2001 este libro que no había llegado antes a mis manos. Helga Schneider fue abandonada por su madre en el Berlín de finales de los años 30 del s. XX. Cincuenta años después vuelven a reunirse en un asilo de ancianos en Viena, donde su madre espera la visita de la muerte. Y hablan de lo que las separó: el fanatismo de una mujer que prefirió el uniforme de las SS e irse a trabajar en Ravensbruck y Birkenau ayudando a los médicos que experimentaban con los presos judíos, antes que cuidar de sus hijos.
Intensidad, dolor y razones. Muy recomendable.

Batista. From Revolutionary to Strongman
Frank Argote-Freyre
Una biografía de Fulgencio Batista. O media, porque hay anunciada segunda parte que ya tarda.
La salva el hecho, nada fortuito, de que nadie haya emprendido otra en décadas. La condena todo lo demás: aburrida, escrita con lengua de estudiante de secundaria, la grisura, cuando no oscuridad, de las fuentes.
Con todo, atiéndasela. Para generaciones de cubanos Rubén Fulgencio Batista es un perfecto desconocido. O un conocido imperfecto.
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